Temporada de temporales en Puerto Varas, en la región y en el país. Llueve sobre los techos. En las noticias se alerta que será uno de los frentes más grandes de la historia. Las autoridades a nivel nacional y regional refuerzan el mensaje, entregando medidas y consejos por las redes sociales. Las gotas suenan más fuerte que las palabras. El viento mueve los árboles. Vuelan las últimas hojas.
En los almacenes y supermercados se ven compras de emergencia. El alimento no perecible parece decir que todo puede durar demasiado, incluso la necesidad. La linterna, las pilas, la radio que extiende su antena buscando la señal entre las nubes grises que se desplazan con el viento. No deja de ser llamativo que tantas personas busquen una radio. La deberían haber tenido hace años. Ni hablar de la famosa mochila de emergencia, que probablemente sea un artículo de precaución descuidado en la mayoría de las casas.
Durante el temporal amplios sectores se quedan sin luz, con todos los problemas que eso significa. Para algunos se pierde la calefacción, para otros incluso el acceso al agua. Los semáforos no funcionan. Los cables del tendido eléctrico se mueven, dejando caer de vez en cuando las gotas gordas. Pasar, esperar, tirarse. Salto largo en cada esquina. Esperar que todo retorne a la normalidad es la nueva normalidad. El día tiene poca luz y oscurece temprano. La noche conquista el momento extendiendo su manto sobre la comuna.
Hace pocos días se produjo un corte en la ruta 225 camino a Ensenada, a la altura del kilómetro 30. Las autoridades acuden al sector para coordinar el despeje de la ruta. Se culpa a la lluvia, la temperatura, pero también a las obras de un camino en un terreno privado. Rápidamente se juzga al propietario de ser el responsable del corte, tema que seguramente requerirá una investigación más prolongada que el análisis del momento. Desde el lugar se manifiesta una indignación. La justicia no es una declaración pública. El castigo social sí puede serlo. Días después se procede con cortes nocturnos preventivos. La incertidumbre pavimenta la ruta.
Mientras, se anuncia el corte de árboles en la plaza central de Puerto Varas. Se explica que estaban viejos, algunos podridos. Temas de seguridad. El momento del corte de árboles no deja de ser especial, plenas vacaciones de invierno, plaza cerrada. El futuro de la leña de los árboles cortados se transforma en una inquietud trozada sobre el suelo de la plaza. No hay novedades con respecto a la evaluación de otros árboles, de otras plazas, de otras localidades. Sobre todo las eternamente postergadas. El centralismo comunal maneja sus anuncios y sus tiempos. Y tiene su propio clima. El corte en la costanera por otro árbol peligroso recuerda que la historia rima. Cuestionar la medida pierde sentido entre los troncos partidos.
Mientras, los equipos de emergencia están desplegados. Hay reuniones entre los distintos sectores vinculados. La evaluación pasa a ser un ejercicio permanente y necesario. La sigla que los convoca, COGRID, es caótica, pero reúne una vocación de acción conjunta y acompañamiento coordinado. Las parkas reflectantes sentadas en la mesa iluminan el camino incierto.
Son días en que parece ser un mito que el cielo alguna vez fue celeste. Todo es gris, todo es agua, todo es viento. Los techos están cansados. La humedad se siente en el ambiente. El humo de las chimeneas cae con la fuerza de las gotas y por las cunetas se desliza hacia un camino que pareciera nunca fue el suyo. Las informaciones corren como el viento. Corte por caída de árbol camino a Ralún. Corte por inundación en la calle San Ignacio, donde luego de esfuerzos por evitar este problema, no se ha logrado. Hay otros puntos, como Mirador, que sí han encontrado su solución, en tanto, ha sido escenario para celebraciones de que acá no se inunda como antes. Las emergencias no son el momento de entregar diplomas. Mientras, hay portones que bailan a punto de caerse, representando un peligro para quienes transitan. También hay incendios por mal uso de la chimenea. No se reportan incendios en altura. La escalera de bomberos para acceder aún no existe en la comuna.
Puerto Varas sabe de lluvia, de viento, de frío. Sabe lo que es pasar un temporal grande. También sabe que puede estar preparado, sin estarlo del todo. Las autoridades están desplegadas. Otra vez se corta la luz. No hay horario de reposición. Reconocer goteras evita que se humedezca de más la casa. El temporal es cultura local.