• 28 de Octubre

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Seguridad

Por: Pablo Hübner


Chile vive una crisis de seguridad desde hace meses. Tal vez años. ¿Cuándo partió la crisis? ¿El estallido social? ¿El caos migratorio? ¿La derrota de la educación de la última década? ¿El materialismo exacerbado? ¿La pérdida del respeto? ¿El clientelismo?  

Ser validado, ser querido, ser respetado, ese anhelo tan humano, se ve perturbado por el atajo de conseguir las cosas de manera fácil. La narco cultura requiere de la ostentación por las marcas y la sensación que prometen despertar. Sentir ser un campeón, ser un héroe, ser más que el resto. La distinción de una reputación. Porque si alguien tiene un buen auto, rica casa, bonita ropa, lindas fotos en el extranjero en su cuenta de Instagram, se transforma en alguien exitoso. Alguien a quien le va bien. Esa visión es un pasaporte a una actitud. El dinero pasa a ser como el anillo del señor de los anillos, la voluntad parece personal en quien lo desea, pero están haciendo lo que el anillo quiere. Una fuerza oscura que se nutre de la debilidad. Entre más se presume fortaleza, con joyas y poder de fuego entre las fotografías, más nítida es la triste carencia moral. La sombra oscura que surge de la ausencia de luz. Así, se convierte lo superfluo en lo justo, lo deseado en lo divino, lo codiciado en lo merecido.

El sueño de Puerto Varas como pueblo sureño tranquilo, donde todos se saludan y son buena onda, tiene decadencia. Puerto Varas no es un lugar más seguro que antes. Puerto Varas no es un lugar más limpio, ni ordenado que antes. El paso del tiempo ha creado una trama diferente, compleja. No hay que ser adivino para entender el motivo que explica la rápida multiplicación de portones y claves que marcan la nueva forma de vivir en la comuna. Cámaras, alarmas, armas en las casas, parte del inventario para encontrar la anhelada sensación de seguridad.

La responsabilidad por el orden cívico no depende sólo de Carabineros. Debe ser un trabajo conjunto que sume a representantes y representados. Los problemas van desde lo chico a lo grande. El caso del paseo Ricke es uno de los más evidentes. Todo rayado desde hace meses y así se mantiene, sin que logre escandalizar. Lo mismo pasa con la costanera, pleno centro, la vista de la bahía tiene esos rayados horribles desde hace años. No son un aporte a la comuna, ni a su seguridad. Mucho menos a su armonía, estilo, identidad o representación colectiva. Son un aporte a la delincuencia. ¿Por qué no se recuperan los muros de la comuna?

Parecido pasa con las plazas. Cuesta encontrar plazas que no tengan sus juegos dañados, rayados, basura hasta el desborde, con especial énfasis en las latas de cerveza y los vidrios de botellas rotas. Estaciones de juegos destruidas, que son un peligro para los más pequeños, pero que así se mantienen.

El caso de los estacionamientos en el centro es parecido. Se había anunciado que partía el primero de abril la nueva empresa: 24 horas, 7 días de la semana, todos los días de año, a un precio que es casi el doble de lo que se solía pagar históricamente. Buena parte del sentido de este servicio tiene que ver con mejorar la seguridad del centro. No obstante, desde enero la calle está controlada por la informalidad. Los recursos asociados a los meses sin cobrar se han perdido, incluso, si se acepta que la boleta de garantía compensará por estos meses. 10 de abril, aún no hay nadie. No se cumplen los plazos, se desconocen los motivos.

Tal como se logró avances importantes en contener parcialmente el comercio ambulante, la colaboración entre la fuerza pública y las autoridades representantes es fundamental.  La tecnología, como el uso de aplicaciones de teléfono, va en buena dirección, pero queda mucho por avanzar. Las cámaras de seguridad pública son pocas, de a poco vienen más, se supone. Las soluciones caen como gotas en medio de un incendio. Lo mismo pasa con los vehículos municipales de seguridad, no son más de 10 autos. ¿Hacen alguna diferencia? El clima de inseguridad parece avanzar más rápido. Los mensajes de apoyo a Carabineros requieren acciones concretas y comprometidas.

Un problema tan grave para la comunidad, como es el sentimiento de sentir inseguridad, merece atención con urgencia. Lamentablemente, la permisividad con conductas que afectan la cultura cívica se ha ido acumulando hasta el acostumbramiento. Muy probablemente la mayoría de los vecinos prefieren recuperar el orden, antes que seguir en la política de murales artísticos colectivos, que son bonitos, y las causas que representan son justas, pero no atienden la responsabilidad más primaria y esencial que tiene el deber del cargo. Partir por lo obvio no es malo.