Pudiendo usarse en un 100% nuestra capacidad mental, una parte importante de la gente opta por subutilizar su cerebro y que éste permanezca poco activo, ya sea porque no se lo estimula lo suficiente, porque no hay un mayor interés por el aprendizaje continuo y, demasiado a menudo, por simple flojera.
Lo llamativo y curioso –o más bien penoso de la situación–, es que además de desaprovechar el gran potencial que tiene este extraordinario órgano, tampoco se cuida al cerebro como se debiera: no faltan quienes lo someten a fuertes golpes y traumatismos (jugadores de fútbol americano, boxeadores, etc.), que lo llenan de substancias químicas nocivas (drogas, anfetaminas, alcohol), que no le entregan los nutrientes adecuados (mala o pobre alimentación), o, simplemente, que lo inactivan mediante el desinterés o flojera mental, volviéndolo fofo como un músculo fláccido.
Un cerebro bien cuidado, bien estimulado y que esté constantemente activo, le dará a su dueño múltiples y grandes satisfacciones, sin que importe mucho la edad que tenga la persona. Y si hasta hace algunos años se pensaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y la concentración de las personas se hacían más difíciles pasando de una determinada edad, la realidad es hoy muy diferente y permite mirar de manera muy positiva el futuro. En este sentido, un cerebro sometido a desafíos permanentes se mantendrá activo hasta su muerte.
Los últimos estudios e investigaciones acerca del cerebro humano han echado por tierra la creencia tan aceptada –y por tanto tiempo– de que todos nosotros perdemos numerosas células cerebrales –o neuronas– en la medida que vamos envejeciendo, una suposición que se basó en investigaciones erróneas o que estaban incompletas.
De ahí que sea relevante y vital no sólo para el Sistema Nervioso Central (SNC), sino que para todo el organismo humano someter al cerebro a constantes desafíos para mantenerlo en óptimas condiciones.
Los nuevos conocimientos acerca de nuestro cerebro se acumulan con gran rapidez, y uno de los descubrimientos más fascinantes e importantes de los últimos tiempos, es que el daño que pueda sufrir el SNC no es irreparable, tal como se afirmaba antes, ya que las funciones mentales y motrices esenciales pueden restablecerse, ya sea porque nervios y neuronas forman nuevas conexiones o porque sortean los tejidos dañados, pudiendo de este modo, retomar y enviar sus señales nuevamente. Se habla, entonces, de la neuroplasticidad cerebral.
Además, la declinación de la función mental no se debe, necesariamente, al envejecimiento de las personas. Las investigaciones realizadas indican que, en parte, la disminución de las funciones del cuerpo humano se debe a un deficiente suministro de oxígeno al organismo y al cerebro mismo, ya que se ha determinado con mucha certeza que cuando vamos envejeciendo se produce una reducción de la cantidad de oxígeno que absorben los pulmones, entregando una menor cantidad al cerebro a través de la sangre hasta en un 50% menos y, por esta vía, influir en el deterioro cognitivo.