El anuncio de intento de expansión del mall de Puerto Varas ha puesto la mirada en ese pequeño espacio que antecede una de sus entradas. Una plaza dura, con un muro alto que luce con letras gigantes el nombre del centro comercial.
La llegada del mall cambió severamente el centro de la comuna. Podría haber sido más alto, más grande, más disruptivo en su estilo, pero como es, cumple con lo que se advirtió: se alteró la identidad de Puerto Varas. Imagino que nadie podría decir que su presencia da lo mismo. ¿Cuánto sumó? ¿Cuánto afectó?
La discusión en esos años previos al inicio de las obras del mall, y que ahora redunda, no era el mall ni sus ventajas a la economía, era la ubicación del mall. Más allá de los reclamos y las dudas, las autoridades de la época, en base a la normativa vigente, permitieron que esto pasara. La oposición no fue más fuerte que el resultado.
El mall tapó la vista de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y cortó su relación abierta con la Gruta de Lourdes, que es parte esencial del circuito turístico patrimonial. El resultado: En la calle San Francisco hay tres vecinos que no se comunican. Están juntos, pero no se unen. Las personas pasan entre ellos, pero inevitablemente, la mirada se fragmenta. No se percibe continuidad. La obstrucción visual y concreta refleja el desequilibrio entre elementos fundamentales para cualquier comunidad: Lo cívico. Lo económico. Lo espiritual. Tres fuerzas que se juntan y se separan en la misma calle, San Francisco. La proximidad, lejos de evidenciar similitudes, delata contrastes. La plaza cívica dura que antecede al mall no tiene nada que ver con el mall, así como el mall no tiene nada que ver con la plaza de la Gruta de Lourdes, camino hacia la iglesia patrimonial. Los muros altos entre ambos lugares marcan su condición de aislación, interrumpiendo la continuidad, perdiendo coherencia, perdiendo sentido.
La plaza cívica y dura que defiende el municipio es relativamente nueva, surge con la creación del mall, el mismo mall que ahora pretende su expansión sobre la plaza, la misma plaza que hasta ahora, demostraba, en parte, el compromiso de la empresa dueña del mall con la comunidad. A los pocos pasos sigue el camino hacia la plaza verde de la Gruta de Lourdes, sentido recorrido paisajístico que conecta con la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Sumando las tres realidades del mismo tramo, se construye un tránsito, que, en su conjunto, implica presencia cívica en lo público, naturaleza de mercado en lo privado, y presencia de culto en lo profundo, más allá de la religión específica. Estos tres elementos son decisivos para comprender lo que está pasando. La relación fragmentada entre el mundo cívico, el mundo económico y el mundo espiritual. El desequilibrio de presencia y la tensión por orientar el predominio sin mesura, donde el protagonismo de unos parece ser el olvido de otros. Sin necesidad pública de debatir cuál es más importante, la consecuencia materializada en las obras concretas del centro cívico parece decretar la suerte.
Tal como antes, el debate nunca fue contra el mall, siempre fue contra la ubicación. Lo esperable era verlo a las afueras de la ciudad, y así desconcentrar el centro cívico, pero nada de eso fue así. Hoy no sólo ya está, sino que amenaza con crecer, alterando aún más el equilibrio de la naturaleza integral del barrio céntrico comunal. La plaza dura que antecede al mall no es un triunfo ciudadano, son las migas de una derrota, migas que ahora también se pueden perder.
El perjuicio de la ampliación del mall es más profundo que un pequeño espacio público urbano que se pierde en un contexto de pocos espacios públicos urbanos. No se trata sólo de esa pequeña plaza dura que jamás compensará el impacto que hizo el mall en el centro de la comuna. La defensa contra la ampliación del mall no puede omitir la acentuación que implica en la fragmentación visual hacia el encuentro patrimonial con la gruta de Lourdes y la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. El desequilibrio en el amén de lo conveniente y lo posible. La suficiencia de lo justo en el amparo de la debilidad de la normativa. La pérdida de importancia que tiene lo importante, la crisis valórica, la prevalencia de lo superfluo, la conformidad ante las migas que dejan caer los vencedores de esta tensión histórica, en nombre del espíritu cívico.
Por: Pablo Hübner