• 28 de Octubre

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Esta semana se inicia una nueva COP. Los países se reúnen en torno a la evidencia científica para tomar medidas y así contener, en parte, el cambio climático. La seguridad de diversas formas de vida, incluida la vida humana, está en peligro. Dicen que queda poco tiempo, pero las medidas no tienen la urgencia que merece.

El problema del medio ambiente es doméstico y es industrial. Es local y es global. Es la manera en que funciona el mundo, el modelo de desarrollo, y es también lo que pasa en cada persona, su propia conciencia.

La ciencia aclara que la actividad económica está dañando el planeta, generando desequilibrios que explican sucesos como tormentas, incendios, huracanes, sequías, alzas de temperatura, extinción de especies, pandemias. Políticos de diversos países, personajes de la televisión, organizaciones, han remarcado la emergencia que vive el planeta. Abundan los discursos y los videos emotivos en redes sociales, pero la determinación por el consenso mundial se pierde en el laberinto de los matices y las concesiones, entre el poder y la razón.

Este año tanto la región de Los Lagos como la comuna de Puerto Varas han sido declaradas por sus autoridades en estado de emergencia climática. Hay problemas en el aire, en la tierra, en las aguas. Muchos de estos problemas nunca debieron haber pasado, pero pasaron. Los diagnósticos abundan como los seminarios sobre los desafíos del desarrollo local, vocación productiva, sustentabilidad, innovación, tecnología, medio ambiente, compatibilidad, coffe break.

Ante la advertencia tan comentada, la tierra aún se fragmenta sin mayor regulación. La oferta inmobiliaria multiplica la promesa del sueño de la vida en la naturaleza, mientras los corredores naturales se dañan ante cada nuevo cerco. La contaminación del aire por el uso de leña desregulada, muchas veces húmeda, perjudica los pulmones. Una parte del lago Llanquihue fue deliberadamente contaminado, daño probado y sentenciado judicialmente, cuya reparación aún aparece incierta. Tampoco se sabe si este año se han usado los aliviaderos de tormenta. Los carros de supermercado siguen en cualquier parte, mientras las quebradas son compactadas o usadas para tirar neumáticos viejos. Mientras, el río Maullín arrastra en forma de espuma los daños históricos de diversas actividades contaminantes. En los operativos de limpieza de su fondo aparecen refrigeradores y cocinas viejas.

Por su parte, la industria acuícola con la auto regulación y su disminución de antibióticos no soluciona las permanentes fugas, o la mortandad masiva generada por los florecimientos de algas nocivas en el contexto del cambio climático. Tampoco sana el impacto en los fondos marinos donde se ubican sus jaulas. La rotación entre los centros más parece la prolongación y multiplicación de la letanía que una solución. La suciedad en las playas de la región es más frecuente que los publicitados operativos de limpieza.

La reactivación económica post pandemia no puede ser al costo de generar otra pandemia. La tecnología no soluciona ni solucionará todos los problemas que genera la tecnología. Nadie inventará una máquina que controla el clima o una aspiradora que se trague toda la contaminación del mundo. El modelo de desarrollo debe tener perspectiva local en su sentido moral. Los pies en la tierra. La crisis ecológica es también una crisis de conciencia, donde se nubla la apreciación del entorno y se pierde el respeto hacia otras formas de vida. La desconexión olvida que las soluciones están en la naturaleza.

El resultado de la COP26 y los acuerdos que se puedan conseguir entre las potencias que más emiten gases de efecto invernadero es tan importante como la manera en que la comuna y la región asume la crisis climática que ha declarado. Si Puerto Varas logra enfrentar su crisis colaborará a marcar camino en un tiempo histórico, en que los liderazgos son fundamentales y se necesitan acciones más que discursos. Esta responsabilidad no depende sólo de las autoridades locales, también depende de cada vecino y su compromiso por el futuro del lugar donde vive.

Por: Pablo Hübner