• 28 de Octubre

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La voluntad de escuchar y hacer gobierno desde los distintos sectores que conforman la comuna fue el sello comprometido por la administración que ganó las últimas elecciones municipales. El anuncio de creación de mesas barriales y territoriales acompaña la agenda del gobierno municipal.

Ya ha pasado casi un año desde que partió este proceso y aún cuesta seguir qué pasa con cada mesa: El sitio web del municipio no colabora mucho para encontrar respuestas. Las redes sociales son una celebración de momentos genéricos, pero no es información concreta y puntual. Por ejemplo: ¿Cada cuánto tiempo sesionan las mesas? ¿Quiénes han participado, quiénes siguen participando? ¿Cuáles son los compromisos adquiridos hasta ahora en cada mesa? ¿Hay actas de cada sesión? ¿De dónde saldrán los fondos para cumplir con esos compromisos? ¿Cuáles son los plazos estimados? ¿Cómo se avanza de manera concreta, desde el diagnóstico hacia la determinación de las soluciones? ¿Cómo se establece la priorización, considerando los diagnósticos de cada mesa? ¿Se pagan horas extras a los funcionarios municipales para realizar estos procesos los fines de semana?

Puerto Varas tiene su historia con los procesos de participación. La relación entre buenas intenciones y resultados, hasta ahora, ha sido compleja. Basta ir al paseo peatonal San Pedro y ver lo que es eso. Me imagino que nadie quería verlo así, con el sentido de oportunidad agrietado como el suelo. Parecido pasó con el famoso plan visual, otro proceso participativo, que luego de implicar compromisos y costos por parte de locatarios para tener fachadas de madera, fue cruelmente vulnerado por las pantallas brillantes en el centro. También pasó similar con la participación para crear la plaza del Juguetero Brintrup, patrimonio que ahora es un tren de madera podrido, detenido en el abandono.

El caso del plano regulador es aún más dramático. Los procesos de participación para la zona central de la comuna fueron antes del estallido social, la pandemia y el proceso migratorio, que ha significado, en consecuencia, la llegada de miles de familias a la cuenca del lago Llanquihue. Considerando la envergadura del cambio, esa participación ahora parece ajustada a otra realidad. El proceso ha sido demasiado lento. Por si fuera poco, aún Nueva Braunau y Ensenada no son parte de plan regulador comunal, ni han realizado el respectivo proceso de participación para serlo, forjando un severo caso de postergación y de centralismo comunal. Los problemas de ambos sectores están a la vista: La multiplicación caótica de visitas al parque nacional Vicente Pérez Rosales, la latencia del volcán Calbuco, la proliferación de parcelaciones en Nueva Braunau, la potencial contaminación del río Maullín, entre otros. Hasta donde entiendo, en estas zonas se han realizado mesas barriales, con el respectivo levantamiento de diagnósticos, las palabras en la cartulina con el plumón negro, las fotos al cierre, buena onda, pero: ¿Cuándo parte el proceso formal de participación para integrar estos sectores en el plano regulador? Mientras se eterniza un proceso de participación hasta que queda obsoleto, se detiene otro y se inician otros.

Cuando quien dirige la participación es quien debe dar respuestas por esa participación, es necesario tener elementos concretos que permitan a la comunidad entender el proceso en su conjunto. Sobre todo, asumiendo la probabilidad de que, ante los resultados de cada una de las mesas, no todos queden felices, más allá de si participaron o no. Un proceso claro en sus metodologías deliberantes colabora a disipar las dudas y brinda certeza al proceso. ¿Fue ese el caso de la consulta realizada para el cerro Phillipi?

La participación siempre ha sido compleja. Como suele pasar, hay más consenso en los diagnósticos de los problemas que en la manera de solucionar los problemas. Además, no se puede hacer todo, es necesario priorizar, asumiendo procesos de corto, mediano y largo plazo, integrando actores del mapa del poder, calibrando entre las urgencias, las oportunidades y los recursos siempre acotados.  

Cualquier proceso de participación de gestión municipal, por bien intencionado que sea, incluso mejorando la transparencia de su comunicación, no puede reemplazar ni delegar la responsabilidad otorgada de manera democrática en el más importante proceso de participación para la realidad comunal, la elección municipal. El alcalde es para todos los vecinos, sean o no integrantes de las mesas barriales o territoriales. Este gobierno municipal no puede ser sólo para levantar diagnósticos, porque más allá de su justa ambición de continuidad, el mandato es para este período, no para el próximo.

Por: Pablo Hübner