• 28 de Octubre

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Durante la sesión del martes pasado, al inicio, luego de leer el acta de la sesión anterior y solicitar la votación por parte de los concejales, se produce una verdadera explosión en la expresión del concejal Juan Patricio Godoy. Su afán de hablar, y decir, y volver a decir, tenía una clara rabia generada por lo que él consideraba, había sido un verdadero intento de asesinato de imagen en su contra, luego de la polémica asociada al arriendo de su oficina, un contrato firmado por el municipio, ubicada en el mismo lugar donde el concejal arrienda su casa, adicional a las denuncias por malos tratos laborales que hizo su ex asistente. Sobre ese punto el municipio nunca aclaró con nitidez, lejos del énfasis con que partió el proceso, qué fue lo que pasó en la experimental comisión de ética del concejo que estudiaría el caso.

El alcalde intenta retomar la conducción en el concejo, tratando de ajustar la intervención al tema que se estaba votando, que era el acta anterior y no otra cosa. Apela a las reglas del concejo, los tiempos de intervención. El concejal Godoy reclama que no son tres, sino cinco minutos, reclama que, si no suena una campana, no tiene por qué detenerse, porque, según el reglamento, al que apela mientras no lo está respetando, debería sonar una campana. Reclama que nunca ha sido considerado en este concejo, incluso, acusa al alcalde de ser un dictador, protagonista de un monólogo permanente. No es primera vez que realiza esta acusación. Se repiten los términos, el dictador.

El alcalde responsabiliza al concejal Godoy de no conocer los temas, básicamente porque no asiste a todas las comisiones, incluso a las que preside. El concejal critica al alcalde por forzarlo a la asistencia como una trampa, toda vez que estaba con licencia médica. Critica además que la información suele llegar tarde y que así es imposible evaluar con tiempo antes de votar. Critica reuniones que califica entre privadas y secretas. En un momento de este intercambio de palabras acentuadas, el alcalde trata de tú al concejal Juan Patricio. El concejal responde enfáticamente que no le acepta ese trato, porque no es su amigo. No obstante, el mismo concejal, el domingo, en la radio comandada por el ex alcalde, se refiere al actual alcalde como: “este cabro”.

El momento más álgido de esa sesión se produce después de que se presenta el plan de desarrollo comunal. En la exposición se destaca la participación, la flexibilidad, la proyección de 8 años, la seguridad de tener al fin un plan renovado, para potenciar desde ahí la asociatividad con otras organizaciones del poder regional. Un trabajo que tiene meses de preparación. Nuevamente el concejal Godoy toma la palabra y se extiende más allá de los plazos del reglamento. Cuando el alcalde interviene para moderar el uso de la palabra, insiste en seguir hablando. Cuando se le corta el micrófono, insiste, con más vehemencia, en seguir hablando. La situación llega al punto en que el alcalde suspende la sesión. La inédita decisión impide que se pueda votar el Pladeco. Sin la suspensión muy probablemente se habría aprobado. ¿Era necesario suspender la sesión? ¿No quedaba otra? No sé, tal vez, depende. ¿Fue justa la reacción de los otros concejales ante la conducta del concejal que criticaba al alcalde, no de la mejor forma, como es evidente en los registros disponibles? No. Incluso, si se considera que el concejal tenía razón en sus descargos, esa condición no otorga ni un derecho a ofender el respeto, no sólo del alcalde, sino de la institucionalidad que representa el municipio y la sesión del concejo municipal.

Por su parte, el municipio hace una nula comunicación de este hecho, que coincide reviste la más alta relevancia. Ni explicación en redes sociales, ni comunicado de prensa, nada.  Al día siguiente, se da curso a la continuidad de la sesión suspendida. Nuevamente se expone el Pladeco. Dudas en relación a los procesos de participación y su rol vinculante. Dudas en relación a la proyección de 8 años. Los cuestionamientos probablemente se podrían haber anticipado y resuelto antes. No fue así. El resultado de la votación del Pladeco queda en empate y obliga a convocar a un concejo municipal extraordinario, que será hoy en la tarde. Posterior a la votación de esa sesión, en la parte de puntos varios, la concejala Nataly Schadow realizó una directa interpelación al alcalde, en la que expresa la molestia en relación a la manera en que se incluyó a los concejales en potenciales acciones legales contra eventuales responsables por el caso de los contratos con liquidaciones irregulares. El alcalde intentó aclarar que su intención nunca fue atribuir representación sobre los concejales, no obstante, no reconoce un error. Mucho menos hay una disculpa. Menciona, entre sus explicaciones, el inicio de un sumario, conjunto a una pronta presentación de los resultados de la tardía auditoría realizada a la ex administración.

Al concejo extraordinario de hoy para ver lo del Pladeco se suma un segundo punto a la tabla, con la firma de cuatro concejales. Se trata del tema de los contratos que no han sido debidamente liquidados. La presentación de este punto aclara formalmente que no hay conformidad por parte de los concejales firmantes con lo informado por la administración sobre el caso. Las dudas sobre la gestión del área jurídica, política y comunicacional, en el caso de los contratos mal liquidados, obligan, sobre todo, la gran pregunta: ¿Por qué no se supo esto antes, si ya llevan más de un año y medio a cargo de esto? La duda tiene peso, más considerando que cada mes que corre la deuda es más grande. 100 millones, 200, 300, más, menos, aún no se sabe. 

El hecho de que el municipio tenga 3 concejos municipales en 7 días es llamativo. ¿Hay una crisis de confianza en el concejo municipal? ¿Fue un error la manera en que la administración comunicó la situación de los contratos con problemas en su liquidación? ¿Tiene debilidades el reglamento municipal que perjudican el diálogo y la libre expresión entre el alcalde y los concejales?

La capacidad de responder de la actual administración ante el caso de los contratos con liquidaciones mal realizadas será determinante para su gobernabilidad. Por si fuera poco, el respeto durante las sesiones también está en crisis, marcado por un silencio medio raro de quienes, sobre la suspensión de la sesión del pasado martes, no dicen mucho. Coincide que en este caso es la mayoría del concejo.

Por: Pablo Hübner