• 28 de Octubre

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El gato Fermín era un gato muy especial. ¿Sabes por qué? Porque el gato Fermín se quedaba dormido en todos lados. Una vez se quedó dormido en una caja de zapatos. Una vez se quedó dormido arriba del techo de la casa. Una vez se quedó dormido detrás de la cortina del living. Una vez se quedó dormido en la fila del cine. Una vez se quedó dormido arriba de un árbol.

Cuando el gato Fermín se dormía, soñaba con las nubes, con el sol, con la lluvia del sur. Soñaba con un musical interpretado por pescados jurel tipo salmón. Soñaba con pelotas de colores que rebotaban en el piso de la cocina de su casa. Soñaba con un piano que le recordaba cuando su papá aún estaba vivo. Soñaba con luces de colores y soñaba que podía volar. El gato Fermín era un gato muy especial. ¿Sabes por qué? Porque el gato Fermín se quedaba dormido en todos lados.

Una vez, el gato Fermín tenía un paseo de curso con todos sus otros compañeros gatos. Temprano esa mañana había preparado su mochila con una manzana, un jugo y un tarro de atún ahumado que estaba en oferta. También llevaba un gorrito de lana, por si acaso le daba frío. El gorrito de lana era de color amarillo, su color favorito.

Esa mañana de paseo de curso el gato Fermín se fue caminando al paradero, tomó la micro, y cuando iba llegando al parque donde sería el paseo, se quedó dormido. La micro siguió su camino. El gato Fermín roncaba, se le movían los bigotes con su respiración. Los kilómetros pasaron, y el paseo de curso pronto pasó a ser otro tipo de paseo.

Los compañeros del gato Fermín, al ver que no llegaba, llamaron por teléfono a su casa. Nadie contestó. Llamaron a la vecina, los abuelos, los tíos, los primos, el carnicero, pero nada. Los gatos, compañeros de curso del gato Fermín, decidieron ir buscarlo para despertarlo. Imaginaban que se había quedado dormido en su casa. Fueron para allá. Buscaron en el techo, después en el árbol, después en la rueda de camión que estaba tirada en el patio, cerca del cajón de arena. Después revisaron en una caja de zapatos.

Mientras, en la micro, el gato Fermín se despertó. Al mirar por la ventana entendió que se había quedado dormido. No era primera vez que le pasaba. Con toda calma, se bajó de la micro y cruzó la calle para ir hacia la dirección contraria. Mirando el cielo supo que no había sido tanto rato. Aún estaba a tiempo de volver y participar del paseo de curso. Esperaba en el paradero, maullando sus canciones favoritas, cuando pasó uno de sus compañeros gatos en bicicleta. Para su fortuna, también se había quedado dormido.

Los dos gatos compartieron la misma bicicleta y rápidamente pedalearon hasta el parque donde sería el paseo. Cuando llegaron, los otros gatos no estaban, básicamente porque los estaban buscando. Entonces, el gato Fermín y su compañero decidieron buscar a los otros gatos que los estaban buscando. El paseo de curso se transformó así en una aventura.

Entraron a los cafés. Entraron a los hoteles. Entraron a la biblioteca. Luego buscaron en el cerro Philippi, Cerro Calvario, Puerto Chico, Mirador, Colonia 3 Puentes, Ensenada, fueron al Lago Todos los Santos, a Ralún. Volvieron al centro. No estaban los gatos. Fueron a Villa Casino, pasaron por el cruce del camino Las Lomas, el río Maullín, de ahí hasta Nueva Braunau. No los encontraron. El gato Fermín sabía que, si seguía buscando, los encontraría. Ya le había sucedido otras veces. Quedarse dormido en todos lados para el gato Fermín tenía que ver también con saber despertar en todos lados.

Ambos gatitos decidieron retornar al punto de encuentro, el parque donde sería el paseo. Cuando llegaron, ahí estaban todos los gatitos, compañeros de curso, durmiendo en un árbol. Los despertaron, se abrazaron y compartieron la manzana, el jugo y el tarro de atún ahumado que traía en su mochila el gato Fermín, quien aprovechó de ponerse su gorro de lana amarillo, porque tenía un poquito de frío. Luego de un rato, todos se quedaron dormidos. Esa tarde, el gato Fermín soñó con el sol, las nubes, la lluvia del sur. Soñó con la música del piano. Mientras roncaba, su respiración le movía el bigote. Su papá lo miraba desde el cielo. Esa tarde no fue el paseo de curso que el gato Fermín esperaba, pero lo pasó muy bien. Muy feliz navidad. Un abrazo a todos.

Por: Pablo Hübner