• 28 de Octubre

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Para nadie es un misterio de que Puerto Varas tiene un problema vial. Hay lugares más afectados que otros, dependiendo de los horarios. Las filas se prolongan y aumentan como las alzas de los combustibles. El tiempo pasa esperando que alguien se apiade y permita pasar. No falta quienes simplemente tiran el auto como la nueva forma de manejar. La escena se repite todos los días, dependiendo de los horarios. El pasa uno y pasa el otro se rompe como acuerdo tácito. Los motores rugen el sonido del hastío. 

Se han realizado algunos esfuerzos, como planes para el ingreso de los colegios y cambios en el sentido de las calles, pero, considerando la envergadura de la nueva realidad, no parece suficiente. La necesidad de un plan vial estratégico interno y con las otras localidades, toca la bocina.

El plano regulador aún sigue en su tramitación. El fin del proceso parece que será el punto de partida para la creación de un nuevo plano regulador. Mientras, la fragmentación en la tramitación actual mantiene postergada la perspectiva integral de la comuna, aislando de la visión central a las zonas de Nueva Braunau y Ensenada. Un raro caso de centralismo comunal.

Sin un plan regulador comunal realista, tampoco es claro si existe un plan regulador intercomunal realista. La espontaneidad y la necesidad se juntan ante la ausencia de un plan claro. Así, el futuro de la conectividad estratégica con lugares clave para Puerto Varas, como la capital regional Puerto Montt, aún es un misterio. Hay anuncios, pero no detalles. El debate se mueve como un péndulo: la compatibilidad entre distintas formas de movilizarse y el incentivo de una forma de desplazamiento por sobre otras. La relación entre independencia, dependencia, integración y separación, sugiere parte de la temática, poniendo en el debate el tema de la identidad de las zonas que se conectan y el centralismo con que se toman estas decisiones.

Algo parecido pasa con la conectividad costera entre Puerto Varas y Llanquihue. La solución para algunos más representa un problema que una solución. Hay críticas al proceso de participación. No obstante, la decisión sobre el trazado figura como tomada, aun cuando los plazos para ver las obras no son claros. Por su parte, las conversaciones para la nueva Entrada Norte de la carretera por Ricardo Neumann aún están esperando la próxima concesión y sus definiciones en los accesos.

El cruce de Línea Nueva para tomar el acceso de la actual Entrada Norte se mantiene tan peligroso como siempre. La fila es lenta, espera el momento de línea de partida para tirarse rápido. En las inmediaciones el comercio ambulante funda un variado mercado permanente. Por otro lado, el acceso a la zona central de la comuna desde la ruta 225 camino a Ensenada promete repetir el grave estancamiento de todos los veranos, que ya es también el de todas las mañanas. Parecido pasa en el acceso a Mirador, cruce Del Salvador con Arturo Prat y tantos puntos más.

El anuncio de la semaforización inteligente para Puerto Varas no consigue ser realidad, los semáforos obsoletos marcan los tiempos de los vecinos según una programación estandarizada, sin ni una capacidad de modificar su alternancia de manera reactiva a cada situación. La llegada definitiva de más semáforos tampoco es parte de las noticias.

El transporte público, esencial para reducir el uso del auto, es la fuerza donde menos se perciben cambios. Todo se ve básicamente igual a como se veía hace dos décadas. La promesa épica del tren ya parece cuento, el incentivo sincero de la bicicleta, la electromovilidad con buses adecuados y modernos, aún no existe. La integración de la cuenca, su estandarización con infraestructura identitaria cohesionada, renovando paraderos, adicionando terminales y estaciones intermodales, tampoco. En Puerto Varas las monedas se pasan y los boletos se cortan como en el siglo XX. La seguridad de los pasajeros no es tema, como sí lo fue cuando se implementaron los cobradores automáticos en Santiago, año 1999. ¿Por qué acá no es relevante evitar que el conductor se distraiga cobrando a los pasajeros?

Este verano, el fin de las restricciones de la pandemia implica el retorno pleno del turismo, actividad fundamental para la comuna. Si la experiencia que se ofrecerá a los visitantes será la del colapso de las calles, los cruces y los distintos servicios, hay un problema. El año pasado algo de esto fue parte de la postal. El turismo debe partir por los residentes. Recuperar la ciudad de su colapso vial debería ser una urgencia, pero, el taco sigue, casi tan lento como las medidas para evitarlo.  

Por: Pablo Hübner