A estas alturas Chile sabe que el intento constitucional engendrado como salida democrática a la presión violentista impuesta por una minoría desde la calle, fue en realidad un engaño de la extrema izquierda ideologizada. El país no “pisó el palito” y lo rechazó rotunda e irreversiblemente.
Pero esto no es el triunfo de un sector político, sino más bien es un nuevo mensaje de que la ciudadanía se cansó del desinterés de las elites políticas y empresariales por trabajar en la conciliación y en una vía austera y republicana por un Chile mejor y para todos.
Estas elites atrincheradas en el claustro oscuro y hermético de su pequeños afanes de figuración, de riqueza mal habida y de poder, oídos sordos a la multitudinaria manifestación de Octubre del 19, pueden caer en la tentación de continuar destruyendo Chile con su siembra de falsos conflictos, odiosidades, abusos y revanchismos, recurriendo a la mentira, al lobby, a la corrupción, al adoctrinamiento de los jóvenes y al uso espectacular de los medios de comunicación al ritmo de sentimentalismos vulgares y sórdidos para seguir engañando.
Para muchos chilenos iniciar hoy un nuevo proceso constitucional es una mala idea, porque nunca fue prioritario frente a las urgentes necesidades institucionales y sociales del país y menos aún post pandemia, con incertidumbre global y deterioro económico sin precedentes y con un gobierno que se muestra inepto y debilitado en las contradicciones de su soberbia ciega y en la dispersión del currículum antidemocrático de sus socios. Para esos chilenos este desgaste constitucional no es más que riesgo y “una Casa de Papel”.
Sin embargo con el Rechazo, la gran mayoría concordamos una vez más que “basta ya” de odios y revanchismos, de trincheras y descalificaciones, de falsos separatismos, mentiras y degradación institucional. Es que esta enfermedad vociferante y purulenta, ha cohabitado en Chile varias generaciones y esta destruyendo nuestra convivencia. Entonces la sanación del país está en el re inicio de un proceso conciliatorio, de re encantamiento con el diálogo y la verdad, con la austeridad pública y la honradez empresarial. Sin experimentar este proceso, no habrá cambio constitucional ni recetas transformadoras milagrosas que puedan salvarnos. Esta sanación es en consecuencia primerísima prioridad y requisito para reiniciar un camino democrático hacia el desarrollo de un país mejor y más justo para todos.
En este contexto, el inicio de un nuevo intento constitucional, aunque no libre de riesgos, puede ser una oportunidad única. Puede serlo, porque el proceso -esa “minga generosa” - que necesita si será una Casa para Todos aunque fuera de papel, es potencialmente en sí mismo una experiencia sanadora. Si se realiza con el corazón y la razón abiertos, si aprende del camino republicano ya recorrido con austeridad, puede convertirse en el inicio del proceso de re encanto con el ejercicio institucional de la política y de la empresa con el país en el horizonte, en la re siembra de las confianzas con el diálogo genuino respetuoso de la buena fe y de la verdad. Puede ser el inicio del destierro del abuso y del odio entre los chilenos, sanación indispensable si queremos avanzar en un mejor futuro para todas nuestras familias, sin excepción. Si quienes trabajan en esta Nueva Constitución nos dejan en la Forma y en el Contenido una lección generosa y democrática, que borre la oscuridad odiosa del primer intento, Chile habrá dado un segundo paso desde el abismo hacia su realización plena.
Pablo Ortúzar A