Su lugar en casi todas las listas de los 100 mejores libros de la historia me parece muy justificado. Tiene mérito que un ser humano hace más de noventa años atrás haya creado esta realidad literaria extraordinaria, que hace que aún hoy podamos tener una lectura tan actual, que envejece sin arrugas y sigue siendo valiosa en el mundo de la literatura.
Este “Mundo Feliz” que en las páginas vamos conociendo, ha logrado transitar de la producción industrial en masa a la producción biológica en masa y desarrollar la ingeniería genética, que permite crear un sistema de castas; con un modelo educativo sin fallas, que funciona mientras los estudiantes duermen, todo en aras de la estabilidad y de la felicidad en un mundo sin guerras, sin fronteras, sin ambiciones, con una vida ordenada y perfecta.
Pero a cambio, no existe la identidad personal, no se concibe la diferencia y la diversidad, no hay libertad, mucho menos vida familiar, hijos o matrimonio. No hay tampoco literatura, religión o filosofía. Y no hay amor.
Así las cosas, ¿Qué hacer? Pues, es impensable la rebeldía, pero si la hubiera…mejor leer Un Mundo Feliz y ver qué pasa…
Un libro de lectura sencilla pero trascendente, que da para pensar y dar vueltas sobre qué caminos podría recorrer la humanidad para vivir mejor, en paz y armonía. Dar paso a la revisión de las viejas utopías. ¿Cómo lograr la estabilidad y paz en un mundo convulsionado, aquel en que vivía Aldous Huxley y que se parece tanto al que vivimos hoy? Pero en esas conjeturas y propuestas para arreglar las cosas, si alguien piensa en algo así como un gran Estado Mundial que todo lo ordene, o un Estado Policial en cada país, hay que recomendarle que lea a Huxley y su Mundo Feliz.
Un clásico de verdad, para todas las épocas y todas las edades.