• 28 de Octubre

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Debo agradecer a autores como Sacks por acercar estos mundos complejos y desconocidos a neófitos como yo. Escribir algo así como ciencia romántica o literatura desde la medicina, desde la neuropsicología en este caso, nos permite a los lectores hacer un gran viaje de conocimiento. Lo mismo me ocurrió con “Somos polvo de estrellas” de José María Maza Sancho, quién intenta con éxito, acercar lo complejo del origen del universo y de la vida, haciéndolo más entendible a gente de a pie como uno, y partícipe de un viaje fascinante.

La otra motivación de leer este libro, aunque suena pretencioso, es poder compartir aunque sea un poquito, algunas de las materias propias de la medicina con mi hija, que es médico cirujana. Poder hablar con ella, por ejemplo, de “agnosia”, patología presente en uno de los 24 relatos y  que da título al libro: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, referido a un músico que sufre una agnosia visual. En nuestras conversaciones sobre el tema, me ha dicho que lo que está escrito y se describe en este libro, no ha cambiado mucho  en la medicina actual.

El doctor Sacks nos presenta con buen pulso literario a veinticuatro personas, (me niego a hablar de casos). En cada uno de ellos explica, experimenta, busca mejorar al paciente aunque sea un poquito, se ilusiona y nos involucra en cada vivencia. Es verdad que hay cierta terminología científica y médica que no hace la lectura tan fluida, pero lo importante es que siempre se entiende el contexto y al final podemos zafar bien.

Nos presenta a Madeleine, por ejemplo, quién tenía sesenta años, ceguera congénita con parálisis cerebral. Estimulada, empezó a “modelar cabezas y figuras, y en un año era famosa como la Escultora Ciega de St. Benedict’s. Sus esculturas solían ser con rasgos sencillos pero reconocibles y con una energía notablemente expresiva. Para mí, para ella, para todos nosotros, esto era una experiencia profundamente conmovedora. ¿Quién habría podido imaginar que las capacidades básicas de percepción, que normalmente se adquieren en los primeros meses de vida pero que no se habían adquirido en este caso, pudiesen adquirirse a los sesenta años? ¿Qué posibilidades maravillosas de aprendizaje tardío, y de aprendizaje de los impedidos, abría esto? Y ¿quién podría haber soñado que aquella mujer ciega y paralítica, marginada, excesivamente protegida toda la vida, guardase en su interior el germen de una sensibilidad artística asombrosa y florecería en una realidad extraña y bella, tras permanecer inactiva, malograda, durante sesenta años?”

También, el autor marca la conexión con el mundo conocido y amigable de la literatura cuando dice de una paciente “Sentada allí, con un vestido claro, la expresión tranquila, una leve sonrisa, me hizo recordar de pronto a una joven heroína de Chejov, vista contra el telón de fondo de un bosquecillo de cerezos chejoviano. Ésta era mi visión humana, frente a mi visión neurológica”.

Y así, éste es un libro que nos amplía el campo de observación. Cuando mi esposa estaba embarazada de nuestra hija, por primera vez fui muy consciente de que había mujeres embarazadas que caminaban por las calles. Antes no las veía o las miraba sin el interés que merecen. Algo parecido sucede aquí. En mi campo de observación consciente podré captar mejor a personas con discapacidades neuropsicológicas. El primer paso es verlos, no ignorarlos. Y comprenderlos.

Con un libro como éste, el doctor Sacks contribuye a construir una humanidad  más consciente, solidaria  y acogedora de la diferencia.