• 28 de Octubre

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Tengo que leer al Quijote. Lo que leí alguna vez fue una versión abreviada y también retazos de lo que me pareció más atractivo. Pero no la versión completa como Dios manda. Y digo esto, porque este libro me despertó el apetito por la obra magna de Cervantes. Está basado en lecturas para cabras, las cuales son muy seguidoras del manco de Lepanto.

Y también está El Capital de Marx, el cual ¿quién lo diría? es muy del gusto de las ovejas.

Este libro de Chiquero, es de toques quijotescos, costumbrista, y con personajes históricos que aparecen muy bien integrados en la narración, como Juan Ramón Jiménez, el de Platero y yo; y Manolete, el torero.

Por supuesto, esto de que un pastor, que se llama Mateo, le haga sesiones de lectura a su rebaño allá por los años 30 del siglo pasado, no podía pasar desapercibido. Cazadores de noticias, periodistas de medios de la provincia, enviados de la política partidista y hasta un veterinario y científico falso, llevan su humanidad a este pueblito, que se llama Abra (lo busqué y no existe, pero se parece mucho a otro de la provincia de Córdoba, en la Andalucía profunda).

Este muchacho Mateo, este pastor que era muy brillante, no pudo seguir estudiando y se quedó con el oficio que por esos lados iba de generación en generación. Por eso cae en una depresión galopante y el único remedio posible para sacarlo de tal postración, se lo lleva Lázaro, el maestro del pueblo. Y no podía ser otro que los libros. Un libro para empezar la terapia: Don Quijote (por eso digo, que tengo que leerlo como Dios manda).

Una vez más la lectura como salvación. Gracias a ella Mateo vuelve a pastorear sus ovejas y cabras, pero ya nada será lo mismo. Lo primero será recuperar a la novia perdida, a Conchita, la que se aburrió de tener a su prometido encamado 24 horas los siete días de la semana. Y de paso ya tiene a un gran amigo y guía, al entrañable maestro Lázaro.

También habrán energías para otros emprendimientos: que todo el pueblo lea o al menos escuche las lecturas del El Quijote (Por eso digo que tengo que leerlo como Dios manda). Y puede haber otro, inspirado en la ínsula Barataria, ese lugar imaginario del libro de Don Quijote de la Mancha, en el que Sancho Panza fue nombrado gobernador (hay que leerlo).

Y así se desenvuelve esta narración, que al final uno piensa, es muy original, contada de una manera deliciosa, quijotesca creo (tengo que leer al Quijote), con mucho humor (me he reído bastante), que habla del campo y las esperanzas de la gente sencilla. Una comedia que pone por todo lo alto el amor a los libros y la fe inclaudicable en hacer de los sueños una realidad.

Vuelvo a decir que es una delicia de libro.

Y tengo que leer al Quijote como Dios manda.