• 28 de Octubre

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Explorando la naturaleza: El Desafío Justo y el desarrollo infantil

  • Por Mariajesús Parada y Sofía Schmidt, coordinadoras proyecto Jardín Nativo de Aprendizaje, Fundación 99.

En un mundo cada vez más digitalizado, donde las pantallas parecen dominar la atención de nuestros niños y niñas, el valor de la naturaleza en el desarrollo infantil nunca ha sido tan evidente. La conexión con el entorno natural no solo fomenta la curiosidad innata de los niños/as, sino que también les brinda oportunidades para enfrentar desafíos justos que catalizan su crecimiento y madurez.

La teoría del desafío justo, propuesta por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi, sugiere que las personas experimentan un estado óptimo de flujo cuando se enfrentan a tareas que requieren un equilibrio perfecto entre su nivel de habilidad y el nivel de desafío de la tarea que está realizando. Esto significa que si la tarea es demasiado fácil en relación con las habilidades de esa persona, podría aburrirse. Y por otro lado, si la tarea es demasiado difícil, podría sentirse abrumada, frustrada y tendería a abandonarla. Por lo tanto, el flujo ocurre cuando el nivel de desafío se encuentra en el punto justo, donde se iguala o se acerca al nivel de habilidad de la persona.

Llevemos esto al desarrollo infantil en la naturaleza: al explorar al aire libre, los niños y niñas se sumergen en un ambiente donde encuentran obstáculos naturales que estimulan sus sentidos, despiertan su curiosidad y fomentan el aprendizaje activo. La naturaleza, por su diversidad, proporciona desafíos que se ajustan al nivel de habilidades de cada infante. Imagina a un niño o niña intentando encontrar figuras y formas en el jardín. Aquí el desafío radica en la observación y en la integración de las habilidades cognitivas y físicas, mientras que el entorno natural proporciona las herramientas necesarias para superar el obstáculo. Si el desafío fuera demasiado fácil, la emoción de logro se vería mermada; si fuera demasiado difícil, la frustración podría apoderarse. Es el equilibrio entre las habilidades del infante y los desafíos presentes en la naturaleza lo que crea un terreno fértil para el crecimiento personal y el aprendizaje.

Al interactuar con elementos naturales como árboles, rocas, hojas y agua, los niños y niñas también tienen la oportunidad de ejercitar sus capacidades cognitivas. Observar los patrones en las hojas caídas, rastrear huellas de animales o identificar diferentes tipos de aves estimula la curiosidad intelectual y promueve el pensamiento crítico. La naturaleza no proporciona respuestas instantáneas, sino que alienta a los niños y niñas a formular preguntas, investigar y descubrir por sí mismos. Esta búsqueda activa de conocimiento es esencial para el desarrollo de habilidades de resolución de problemas y autonomía.

Invitamos a experimentar la teoría del desafío justo y observar a niños y niñas: si los ven aburridos deben aumentar su desafío; y cada vez que los vean desesperados por no alcanzar el aprendizaje, modifiquen el desafío y bajen el nivel de dificultad.  Así, les están enseñando a conocer su cuerpo, encontrar su equilibrio y bienestar en la vida cotidiana.