El día 6 de septiembre de 2026 un niño de 12 años fue identificado como el autor del lanzamiento de una bomba molotov a una Comisaría de Carabineros y a un cuartel de bomberos, acto que pudo haber provocado varias víctimas y graves daños. Sin embargo, en función de las leyes vigentes, este menor no puede enfrentar un juicio, ni ir a la cárcel ni tampoco ser castigado. ¿Es este un caso único y excepcional?
Lamentablemente, la respuesta es ¡No!, ya que desde hace varios años se viene observando a menores de entre los 10 y los 17 años que se dedican a realizar –con cuchillos, pistola en mano, con mucha violencia y con total desprecio de la vida ajena y de la propia– innumerables asaltos, robos, encerronas, tráfico de drogas, violaciones, homicidios, etc. Dependiendo de la edad del menor –y en función de la “inimputabilidad” y la “falta de discernimiento” que protege a los delincuentes menores de 14 años– lo único que pueden hacer las policías y las autoridades respectivas, es entregar al menor en las manos de sus padres, sus guardadores, o bien, dejarlos en manos de Tribunal de Familia por vulneración de derechos, o del Servicio de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez), sin castigo y sin que importe mucho el amplio historial delictual del menor, así como también la gravedad de su falta, con lo cual, y a raíz de que por parte de las autoridades responsables no existen acciones que apunten a una intervención familiar a fin de evitar su reincidencia, lo único que se logra es perpetuar el ciclo de los delitos, los que son ejecutados cada vez con mayor brutalidad. Especialmente, cuando el menor vive y se educa en un medio ambiente donde prima el alcohol, la droga y la violencia.
En función de las cifras entregadas por el Poder Judicial, más de 50.000 menores de edad –entre los 14 y los 18 años– fueron condenados en los últimos cinco años por robos con violencia, violaciones, robo de vehículos, tráfico de drogas, homicidios, etc.
Se calcula que alrededor del 17% de los delincuentes juveniles son niñas que vulneraron el sistema y las leyes en los últimos años como consecuencia de haber sido sometidas a una crianza negativa y con padres ausentes, haber sufrido abusos y abandono, con familias metidas en el sistema criminal. Los patrones comunes que conducen a que los menores infrinjan las leyes son los siguientes: deserción escolar a temprana edad, ausencia familiar, influencia negativa de pares, consumo de drogas y alcohol, manejo de armas, entre otros.
Un estudio del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, llegó a la conclusión de que la detección de “conductas antisociales tales como la agresividad, el cinismo, el bullying, la tendencia a la manipulación o un bajo índice de moralidad” debería llevarse a cabo desde muy temprano a fin de predecir posibles conductas delictuales y evitar precozmente que dichas conductas se conviertan en comportamientos habituales. Esto requiere, necesariamente, de un diagnóstico precoz y una intervención sicosocial temprana.
Constituye un gravísimo error de juicio pensar que los problemas de conducta se manifiestan exclusivamente durante el periodo de la adolescencia y esperar a que el adolescente reincida en sus actos delictuales para que la sociedad y las autoridades comiencen recién a “preocuparse de su caso”. A esa edad puede ser muy tarde.