“Hizo lo que pudo y le fue más o menos” es el Epitafio del Padre José Aldunate en el cementerio de los Jesuitas, conocido Cura Obrero y muy querido tío.
Por respeto a esa sabia experiencia de un hombre de Dios, es que a pesar de mi total desilusión con las capacidades de establecer un diálogo honesto y de recurrir a la ciencia cuando la ignorancia y el histrionismo abundan, intentaré aquí llamar a la cordura a quienes son hoy autoridad comunal.
Lo haré asumiendo, que aún queda en ellos algún interés por la verdad y algún respeto por el sentido común, las evidencias y la razón, ¡a pesar de lo declarado recientemente por nuestro alcalde durante la visita de la Asociación Nacional de Prensa en Puerto Varas en relación a “que los medios son un pilar fundamental para “construir” verdades”!
Es que resulta evidente que intervenir en serio la Costanera de la ciudad de Puerto Varas en cualquier contexto sin implementar previamente una nueva alternativa vial este-oeste que la libere de la carga, constituye una irresponsabilidad mayúscula considerando que ese es hoy precisamente el punto más crítico del colapso y de la incapacidad de la red vial urbana para dispersar la presión vehicular.
Cuando la disfuncionalidad urbana alcanza los niveles que presenta en Puerto Varas hoy, provocando el deterioro brutal y sistemático de la calidad de vida de sus habitantes, una intervención irresponsable como la indicada arriba, pasa a constituir un atentado al bienestar de la ciudadanía y el suicidio político del alcalde y de su equipo irreversiblemente.
Si esta injustificable acción en contra del bienestar de la ciudadanía se intenta realizar con el objeto de implementar un pedazo del “Proyecto Parque Costanera” dado a conocer recientemente, la cosa es a mi juicio aún peor, porque se trata de una intervención artificiosa, incoherente con el valor patrimonial del borde costero de la ciudad, el que se sustenta precisamente en la sencillez y transparencia de la conjunción natural de paseo, playa y agua. Este monumento a la escasez de ingeniería y exceso de arquitectura rebuscada, presenta además de su incongruencia estética y material, un alto costo y un altísimo riesgo operacional, en términos de seguridad pública, mantención y tránsito.
Es en consecuencia esta una ocasión para poner las energías comunales y regionales, públicas y privadas en buscar un FAST TRACK urgente para la implementación del PAR VIAL de la Costanera de nuestra ciudad manera que, - al igual que hizo Frutillar-, permita dispersar su carga entre ambas vías oriente-poniente dejándolas unidireccionales y ganando así una calzada para peatones, parques y bicicletas. Luego, con un mínimo de intervención, riesgo y costos, un plan simple de aprovechamiento de estos nuevos activos públicos de manera que los patrimonios económicos regionales no son dilapidados y los patrimonios naturales del borde lacustre son preservados y no invadidos por una desafortunada aberración urbana.