Zona de Sacrificio
- Pablo Ortúzar A
Así como el ecosistema biológico se sustenta sobre múltiples balances de cuyo delicado equilibrio depende el soporte y proliferación de la vida, el ecosistema territorial se sostiene también sobre un amplia gama de equilibrios en los ámbitos de la economía, la naturaleza, la residencia, la cultura, la institucionalidad y la convivencia político - social. Tanto así, que de acuerdo a Patrick Geddes, padre del concepto, el territorio es espejo visible del proceso civilizatorio que sustenta y su mera “planificación” no es garantía de desarrollo.
Esto ayuda a explicar la concepción multidisciplinaria del Urbanismo y de la Planificación Territorial desde la reconstrucción de la Europa de post guerra en los países desarrollados, y la incapacidad del centralismo latinoamericano - que las deposita en un sólo oficio dependiente de la industria inmobiliaria - para contener la avalancha especulativa que convierte sus ciudades y territorios en enormes Zonas de Sacrificio.
Con tristeza hemos vivido en la Región de Los Lagos durante las últimas dos décadas las consecuencias del afán de Planificación y Control centralista e interesado de los caudillismos regionales coludidos con el segmento organizado más cortoplacista de la industria inmobiliaria para satisfacer la hubris de los primeros y la codicia de los segundos. Desde el cambio de siglo ellos arrasaron Puerto Montt destruyendo su estética portuaria, su patrimonio cultural vinculado al archipiélago de Chiloé, sus equilibrios funcionales que se sostenían sobre barrios mixtos y los balances fundamentales entre densidad poblacional e infraestructura, haciendo caer en picada el paisaje ambiental y la calidad de vida de la Capital Regional. En seguida estos nefastos intereses volcaron su desmedida ambición hacia las ciudades interiores del territorio.
Desde hace una década ellos han puesto su energía en conurbar Las Ciudades Lacustres y Puerto Montt, de manera de incrementar la centralización y el poder regional, a cambio de valorizar las hectáreas de sus socios al metro cúbico de la vivienda urbanizada. “Puerto Varas / Puerto Montt: La Ciudad que queremos” rezaba el título de un rimbombante Seminario Oficial pero organizado por la CCHC en el 2019. Su ambición era la Zona Metropolitana. Esto les permitiría articular con nuevos medios de planificación y recursos la fusión de la Cuenca y Puerto Montt, impulsando así el gigantismo de la mancha urbana, lo que quebraría irremediablemente el equilibrio fundamental del territorio basado en la diversidad histórica y cultural, y en la disparidad vocacional de sus dos centros de desarrollo más importantes, la Capital y la Cuenca.
En el 2016 estos mismos intereses impulsan -junto a la Ruta Metropolitana- el Vertedero Provincial La Laja. Una bomba ambiental, vástago ilegítimo y oscuro de un Proyecto de Reciclaje de Residuos Domiciliarios impulsado por el Banco Alemán de Desarrollo KFW y el Municipio de Puerto Varas desde el año 2005.
Hace dos años nuestro gobierno puertovarino asume el poder seduciendo por su juventud, su independencia política, su moral impoluta, su vocación ecológica y su eficacia profesional. Sin embargo, frente a estos grandes desafíos territoriales, hemos constatado su evidente compromiso político con el ideario de extrema izquierda, su ineptitud ante el colapso de la base estructurante de la comuna y más recientemente, su colusión con el centralismo especulativo y el gigantismo regional. Es que junto con dar prioridad a la ambición política de nuestro alcalde, la energía de su administración ha estado puesta en forzar un PRC enmendado hace siete años que nos conurba con Llanquihue, en la persecución abusiva de la residencia rural, en consolidar la permanencia del carácter provincial del Vertedero La Laja extendiendo además su influencia a la recolección no obstante su desborde ambiental irreversible y en la promoción de la Zona Metropolitana para Puerto Varas y Puerto Montt, aún conociendo sus funestos resultados en Chile.
En consecuencia, su engalanado discurso salpicado de promesas de gestión y de sustentabilidad a futuro - en línea con la prédica de la agenda ONU y del BID - ya no consigue entusiasmarnos ni convencernos de su efectividad para evitar que nuestra Comuna y Región sigan siendo convertidas en Zona de Sacrificio.
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