[OPINIÓN] Reinserción social no es contratar delincuentes

Dr. Ramón Bahamonde Cea

Ex alcalde de Puerto Varas

Candidato a Diputado por el distrito 25


Señora Directora:

He leído con perplejidad la carta del alcalde Tomás Gárate publicada en su medio, y me veo en la necesidad de responder no solo como ex alcalde de Puerto Varas, sino como quien fue directamente aludido y cuyas palabras fueron tergiversadas de manera que no puedo dejar pasar.

La carta del alcalde Gárate es un ejercicio de mala fe interpretativa. Tomando apenas 14 segundos de una entrevista que di en el contexto de mi candidatura a diputado por el distrito 25, construye una falacia monumental: sugiere que yo habría afirmado que los funcionarios municipales actuales son "pandilleros convertidos en trabajadores". Esto es, simple y llanamente, falso. Y lo que es peor: esta distorsión no parece producto de una incomprensión ingenua, sino de una lectura antojadiza y arbitraria, en contexto electoral, con propósitos que resultan evidentes.

Revisemos lo que realmente dije en aquella entrevista. Mis palabras textuales fueron: "estábamos rodeados de pandillas y cómo se eliminaron, incorporándola al medio laboral, respetándola en su dignidad como persona y con ello logramos lo que para muchos era lo imposible que esos mismos delincuentes se transformaron en trabajadores municipales".

Analicemos con honestidad intelectual: hablo de un proceso de transformación. Describo una política pública de reinserción social que implementamos durante mi gestión, donde personas que habían delinquido fueron incorporadas al mundo laboral, respetando su dignidad humana, logrando así que se convirtieran en trabajadores productivos. Esto no es, bajo ninguna lectura razonable, una afirmación de que "los funcionarios municipales son delincuentes". Es, por el contrario, el relato de un éxito en política pública: la transformación de personas desde la marginalidad hacia la ciudadanía plena.

La legislación chilena y las políticas públicas del Estado fomentan activamente la reinserción laboral de personas con condenas. Existen programas específicos de reinserción social y laboral que buscan dar oportunidades de empleo como mecanismo de reintegración social. El sistema jurídico chileno busca armonizar la protección del interés público con el objetivo primordial de la reinserción social... objetivo que, vale recordar, está consagrado en nuestra legislación penal como deseable y necesario.

Ahora bien, señora Directora, creo importante contextualizar lo que el alcalde Gárate pretende destruir con su interpretación malintencionada. Durante los 16 años que lideré Puerto Varas, el presupuesto municipal pasó de 1.700 millones de pesos a 14.500 millones de pesos. Bajo mi gestión, nuestra comuna fue reconocida nacionalmente como "la mejor comuna para vivir en Chile", generando una migración significativa desde todo el país hacia nuestro territorio. Este no es un dato menor: es el resultado de una visión de ciudad que entendió que la seguridad no se construye solo con represión, sino con bienestar y seguridad social. Hablo desde mi experiencia como hombre de Puerto Varas, como quien lideró una comunidad donde todos sabíamos —y sabemos— que existen pandillas. El propio alcalde Gárate lo sabe perfectamente: conoce de las fiscalizaciones en calle Colón, de las incivilidades concertadas que se producen, de la persistencia de estos problemas. Entonces, ¿por qué esta súbita amnesia respecto al contexto que enfrenté? ¿Por qué esta incapacidad — o negativa— de entender que hablé de un proceso de transformación social exitoso? A fin de cuentas, lo que intenta Gárate no es solo malinterpretar mis palabras en contexto electoral... es pretender destruir un legado que posicionó a Puerto Varas en la mira de todo Chile. Es intentar manchar, con dispersión argumentativa y poca profundidad analítica, una trayectoria de servicio público que entendió la reinserción social como un deber ético y una política pública efectiva.

La confianza en las instituciones, se construye con reglas claras, eficiencia y probidad. Pero también —y especialmente— se construye con honestidad intelectual, con la capacidad de leer el discurso ajeno sin anteojos de mala fe, y con la disposición de entender que la seguridad de una comuna no se juega solo en la represión, sino en devolver dignidad a quienes la han perdido.

 

 

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