[OPINIÓN] "Los buenos y los malos en la elección municipal" Por Pablo Hübner


Por lo general, todas las elecciones políticas se tratan de elegir entre continuidad o cambio. Seguimos como vamos o vamos a otra cosa. En esta elección, de los 6 candidatos al cargo de alcalde, 5 ofrecen cambio y sólo uno ofrece continuidad. Continuidad o cambio, cada uno de ellos promete ser la mejor opción para lograr lo que más le conviene y mejor representa las necesidades de la comunidad.

Cualquiera pensaría que en las distintas campañas políticas los candidatos se limitarían a pensar y decir qué es lo más conveniente para la comuna, bajo un diagnóstico claro y con propuestas de acción certeras. Pero, muchas veces el despliegue de las candidaturas se desvía hacia la auto referencia excesiva y sin sentido. A renglón seguido, va el mal trato contra la competencia electoral más directa. Son candidaturas que se expresan en la falacia: O yo, o el caos. ¿Cómo funciona?

El candidato se refiere a su persona, equipo de trabajo, visión y programa de gobierno, como un paraíso espectacular. Se viene un mejor futuro, los árboles serán más verdes y el agua quitará más la sed. Los problemas serán cosa del pasado. El futuro será un viaje con paisajes de éxito, integración, trabajo, seguridad, salud, amor y paz. Entre medio de este emotivo relato optimista, suenan palabras como participación ciudadana vinculante, obras públicas simbólicas, reconquistas de valores patrimoniales, medio ambiente en el centro de la innovación, entre otros elementos que conmueven la perspectiva de un futuro que, por obra y gracia de una candidatura, y con voto mediante, puede ser real.

Luego de tanta maravilla, viene el brutal contraste. No sólo la candidatura es genial, sino que, además, su principal contendor, es muy malo. No así los otros contendores de la elección, esos son todos buenos. Incluso, en un acto de infinita generosidad, los otros contendores suelen ser invitados a que se sumen a la candidatura, en virtud de que comparten las mismas inquietudes por el bienestar de la comunidad. Eso sí, con una condición: Juntémonos, pero en mi casa.

Mientras, el malo, quien coincide suele ser el principal contendor, tiene que seguir siendo malo. Un peligro para el votante y toda su familia. Si gana el otro, el principal contendor, no sólo se pierde todo lo bueno que ofrece la candidatura que dice ser genial y que busca el triunfo, además, votar por el otro es un pasaje para un viaje sin destino, con la neblina de la irregularidad, la desidia de la ausencia de participación, entre otras plagas y calamidades evitables.

Así, la candidatura optimista y genial construye, en su relato positivo y lleno de futuro, el discurso del miedo de lo que significaría la derrota. Oscila entre lo positiva que es su candidatura, a lo terrible que sería el triunfo de su contendor más probable.

Los extremos suelen ser instrumentales en intentar brindar un sentimiento de urgencia, buscando muchas veces precipitar el discernimiento a la opción que se busca: Que algunos voten por lo que estiman como lo más bueno, otros, por lo que estiman lo menos malo, y así, sumar votos.

Las candidaturas que caen en estas estrategias polares de o yo o el caos, a veces lo hacen sin darse cuenta. Le llaman pasión, convicción, determinación, verdad, pero es más bien una triste sombra temerosa y larga, que acompaña el entusiasmo de quien, por querer lo mejor, termina haciendo lo peor y, por si fuera poco, en nombre de la gente. Crecer intentando agrandar lo propio con poco, mientras hunde lo del de al lado con harto, es una derrota prematura.

 

 

 

 

 

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