[OPINIÓN] "Juegos rotos" Por Pablo Hübner
La semana pasada un enorme árbol cayó en la mitad de la costanera, pleno centro. La imagen era impresionante. El árbol cortó el camino. El equipo municipal tuvo que trozarlo para poder restablecer el tránsito vehicular. La misma semana un deslizamiento de tierra y piedras en una de las laderas de la montaña en el Lago de Todos los Santos generó un tren de olas. Daños en el puerto. En ambos casos no hubo vidas humanas que lamentar, pero, es claro que la situación podría haber sido peor.
La comuna tiene peligros latentes. Algunos son evidentes, otros requieren de un proceso de observación mayor. En la misma costanera donde cayó el árbol se han producidos permanentes deslizamientos de tierra. Probablemente es cosa de tiempo hasta que el accidente sea más grave. Lamentablemente a veces tiene que pasar algo así para que revisen los árboles, pinten las calles, mejoren la infraestructura, pongan un semáforo, tapen un hoyo. El accidente evitable necesita de la tragedia para la justa reacción. Esta espera es peligrosa.
La probabilidad del accidente se encuentra en lugares que presumen de inofensivos, pero que representan riesgos. Uno de los más simbólicos son los juegos infantiles. Cuesta encontrar una plaza en Puerto Varas que se salve de problemas. Los daños van de menos a más, desde la vulgaridad de los rayados, a la peligrosidad de los clavos salidos. Las maderas podridas. Columpios que ahora son apenas cadenas. Estaciones de juegos removidas de raíz que nunca se reponen. Plazas entre juegos y restos de juegos.
En cuanto a los rayados, tienen todo tipo de leyendas, ofensas, insultos, vulgarización generalizada. Por ejemplo, en lo más alto del cerro Philippi, el calibre de los insultos es grueso. Una vez vi como el hijo de una familia le decía al padre, mira papá, mira lo que dice ahí. El niño estaba leyendo eso. Desde entonces han pasado meses, sigo subiendo el cerro. El insulto sigue ahí. Nadie lo ha borrado. Parece que no importa. Al menos eso demuestra su presencia sostenida en el tiempo. La idea de enrejar el cerro, encerrarlo, el costo de esa idea y la sensación aparente de que es una buena idea, debería despertar luces del volumen de la desesperación. La pérdida de control.
En la playa del centro hay botellas quebradas. Si vas a tirar piedras con tus hijos al lago, cuidado con los vidrios repartidos. El muro de la estructura que creó el Casino en la costanera está rayado con un mural enorme que se acompaña con otros rayados. Que se mantenga en ese estado es tan indiferente como su llegada. ¿Cuánto se está invirtiendo en pintura para recuperar los muros?
A su costado, el barco de vapor Santa Rosa, estandarte de la tradición navegante del puerto, y lo que queda de sus restos, son una sorpresa para quien los descubre. ¿Una buena sorpresa? La puesta en valor, como alguna vez se propuso, de hacer de esa infraestructura la inspiración para crear el primer museo flotante sobre la navegación de la cuenca de lago Llanquihue, parece olvidada, tal como los fierros en la orilla. A su lado hay de todo. Una cantina en el suelo, repartida por la orilla. En la variedad de botellas rotas y no rotas, una vez vi una botella de gin. Le quedaba un conchito.
La palabra colapso se repite en la prensa nacional como si fuera el segundo nombre de la comuna. La expresión ya parece leña de árbol caído. De ser la capital del turismo a ser la capital del colapso. El niño símbolo del crecimiento sin el ordenamiento adecuado. Todos los estragos así justificados, entre esperando, articulando y aclamando nuevas normativas. Mientras, la pérdida de memoria histórica, de identidad, se enfrenta al legado de la arqueología moderna, la suciedad cotidiana.
Los acuerdos de colaboración, seminarios, anuncios de proyectos, cartulinas, plumones y digitadores, elevan dulces colores de optimismo. La confianza contrasta con la realidad categórica, cotidiana, inmediata, cercana y peligrosa. Que los juegos de los niños en las plazas estén descuidados es como el árbol que se cae en la mitad de la costanera. No se ve hasta que cae de golpe de manera evidente. Puede cortar el camino como el vidrio puede cortar los dedos de los niños. El sentido de urgencia espera la urgencia. Los lamentos después no harán la diferencia. Las disculpas tampoco. La comuna debe educar cívicamente en el ejemplo. El ejemplo debe ser evidente. Los rayados, la basura, los puchos en el suelo, los vidrios rotos en todas partes. Los juegos con daños que son peligrosos. ¿Qué dice eso? ¿Qué convoca?
Por: Pablo Hübner
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