[OPINIÓN] "El dictador" por Pablo Hübner
Usted se ha comportado como un dictador. La sala del concejo municipal de Puerto Varas se carga del peso de estas palabras en más de una oportunidad. No fue lo único. Cuestionamientos al tema de la inclusión, al tema de las actas, al tema de los concejos extraordinarios, al tema del aseo de la costanera, y sigue. Con mejor o peor forma, la recurrencia de la crítica suena como los pasos de quien camina en el pasto una mañana de invierno. La adhesión a una forma de liderazgo horizontal enfrenta dudas y determinaciones verticales de quienes, en los hechos, han decidido, aparentemente, seguir otros caminos.
Nada de esto debería ser motivo de sorpresa, tal vez es lo normal y probable, más aún con el paso de los meses. Incluso, colabora a transparentar veredas. No obstante, ni una diferencia al interior del concejo municipal, por acentuada, fundamentada o mayoritaria que sea, debería ser tan profunda como para perjudicar a los vecinos. El límite está muy cerca. En la última sesión del concejo el respeto colgaba de un hilo.
¿La definición de las prioridades quién las decide? ¿El alcalde? ¿El programa de gobierno del alcalde? ¿El resultado del proceso de deliberación permanente de mesas barriales y sectoriales? ¿Los concejales deciden las prioridades?
Es fácil encontrar más de un problema serio en Puerto Varas. Temas postergados que producen dolor y frustración. No por eso hay olvido, mucho menos ausencia de interés. Insinuar o decir eso es cruel y provocador, más allá de los vacíos que permiten las dudas. ¿Cómo se definen los plazos para establecer las jerarquías? ¿Cuándo parten las obras de las soluciones? ¿Quiénes tendrán que seguir esperando? Porque sí, habrá quienes tendrán que seguir esperando, entre postulaciones, celebraciones de acuerdos de colaboración, procesos largos y lentos, cada tema con su propio mérito.
Más allá las críticas, la idea de que los concejales impongan las prioridades de la agenda del alcalde es cuando menos, curiosa. Por profundo que sea su ímpetu, inspirado en la empatía de la relación cotidiana con los vecinos, suponer que lo mejor que pueden hacer es iniciar una agenda propia, con reuniones propias, sin ni una articulación más que el apoyo del sector político afín, es un supuesto riesgoso. La prioridad adquirida se presenta embelesada como resultado de la presunta ausencia, mientras se fragmentan los esfuerzos. El mito del héroe se eleva mediáticamente desde la presencia de un villano, pero para que eso funcione, hay que construir un héroe y también un villano. La caricatura tiene en la exageración de sus límites trazos oscuros.
Es evidente que si la coordinación es robusta se pueden conseguir mejores resultados, más aún, considerando que todos son representantes de la misma comuna y que, en definitiva, es lo que a los vecinos les interesa. Pero: ¿Cuántos concejales participan de manera permanente de las mesas barriales y sectoriales?
Las agendas paralelas de algunos concejales, particularmente las que operan de manera desarticulada y vertical, son síntoma de un problema mayor, que tiene que ver, creo, con la percepción del liderazgo horizontal y la comprensión de la distribución en cuanto al sentido de acción y de urgencia. Con todo, se trata de una fuga de esfuerzos en momentos desafiantes para Puerto Varas y que encandila un problema serio de confianza al interior del concejo.
El sistema experimental de mesas barriales y sectoriales de funcionamiento permanente, el sello de este gobierno municipal, merece en respuesta profesionalizar la transparencia del proceso. Conocer los plazos, las actas, las listas de asistentes, el mecanismo deliberante, más allá del informe de la cuenta pública anual. Hasta ahora, son apenas publicaciones en Instagram donde medidas, desde cortar un árbol, a un plan piloto de transporte público, se explican como consecuencia de estos procesos. Son acciones importantes, ejercen fuerza, pero de manera fragmentada. Lo mismo pasa con la cantidad de convocatorias. Son tantas, que ya ni se sabe para cuál de todas las cosas se participa o se sigue participando. ¿No asistir puede ser perder? ¿Asistir demasiado puede ser ganar más de la cuenta? La realidad de las distintas urgencias se ven sometidas al laberinto del eterno diagnóstico, que siempre va cambiando, presionando la percepción de que hay que convertir cada necesidad en un concurso de popularidad para ser tomado en cuenta.
Que los mismos representantes del concejo sean quienes abandonen y cuestionen la articulación de la participación es una mala luz, con sus propias sombras. Que un concejal trate al alcalde de dictador, que otro concejal presente oficios como quien usa una metralleta en un juego de feria para derribar los patos, todo eso, no se ve bien. La mesura merece presencia en cuanto son cargos de representación. Estas diferencias no le suman a la comuna.
Por: Pablo Hübner
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