La verdad de las mentiras de la casta política
Dr. Franco Lotito Catino
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
El libro “Breviario para políticos” escrito por el cardenal, político y diplomático Giulio Mazarino en el siglo XVII –libro que, aún hoy en día, mantiene plena vigencia– está considerado como el testamento político de este temido, a la vez que admirado cardenal, y contiene la suma de los conocimientos que Mazarino enseñó a Luis XIV, rey de Francia, llamado también “Rey Sol”.
El cardenal Mazarino realizó un agudo –al mismo tiempo que muy realista– análisis de la condición humana y de cómo obtener –y mantener– el poder político. A lo largo de toda su obra, entrega una serie de conceptos, consejos y directrices de un pragmatismo que sólo puede ser descrito como atroz y que linda con lo inmoral, cuyo único fin era conseguir más y más poder, aun cuando para ello, el sujeto interesado en alcanzar tal poder tenga que disfrazar sus mentiras y falsedades como verdades incuestionables.
Revisemos algunos de los “consejos” de cardenal Mazarino para tiempos de campaña. El primero de ellos era muy simple y directo: simula y disimula, lo que implica que el político debe fingir ser amigo de todo el mundo y que es un sujeto que habla llana y campechanamente con todo tipo de gente, incluso con las personas que más odia, ya que de acuerdo con Mazarino, esa sería una buena forma de ejercitar la circunspección y el autocontrol de impulsos, por cuanto, pase lo que pase, la persona debe ser capaz de morder y ocultar su ira y su molestia ante los demás.
El político ávido por el poder debe actuar de modo tal, que nadie sepa nunca cuál es su verdadera opinión sobre un determinado asunto, ni hasta qué punto está, realmente, informado sobre un tema específico, de modo tal, de poder negar su primera opinión o afirmación, si dicha opinión ya no es conveniente para sus fines e intereses. Tampoco debe mostrar de qué cosas se ocupa ni a cuáles teme para efectos de no suministrar material –o “artillería”– que pueda ser usada en su contra. En lugar de ello, debe publicitar todo lo que pueda –de manera pública– todas sus “virtudes y fortalezas” y elogiar a todo aquél que pueda serle útil a fin de lograr sus objetivos, los cuales, demasiado a menudo, tienen una agenda oculta que sólo lo favorece a él.
El siguiente consejo, es que el político nunca debe fiarse ni confiar en nadie: si alguna persona le hace un elogio, el político debe convencerse que detrás del elogio sólo hay falsedad e hipocresía, en función de lo cual, jamás debe confiar un secreto a nadie por el riesgo que corre que su secreto sea revelado en el momento más inadecuado. Si es atacado o insultado, debe tener presente que lo que se busca es poner a prueba su paciencia, en función de lo cual, la regla es mantenerse impasible.
El político debe aprender a pensar antes de actuar e, incluso, antes de hablar, ya que existen escasas posibilidades de que sus dichos sean interpretados para bien y de buena manera, en tanto que son muy altas las probabilidades de que lo expresado por él sea tergiversado y usado en su contra.
Cuando es acusado de haber actuado mal y de manera impropia, debe rápidamente salir a desmentir tales acusaciones a viva voz y señalar a sus acusadores de conspiradores y de sujetos falsos que sólo buscan ensuciar su imagen y rectitud.
Digamos, finalmente, que toda semejanza con nuestra actual clase política (no) es mera casualidad.
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