La muerte del perro la noche de año nuevo en Puerto Varas fue noticia nacional. Hans era su nombre. Murió de un infarto por el miedo de los fuegos artificiales. Murió en los brazos de su familia. En los titulares de la prensa nacional se leía como si los fuegos artificiales hubieran sido oficiales y legales. El municipio pronto aclaró que no fueron ellos quienes lanzaron los fuegos. Lamentaron que otros los lanzaran de manera clandestina, también que se haya muerto el perro.
Puerto Varas tiene el mismo problema que muchas comunas del país. Fuegos artificiales irrumpen en la noche sin respetar la ley vigente. Hay quienes los venden y quienes los compran en el mercado negro. La noche oscura se quiebra y la paz se interrumpe. El ruido del delito retumba en el cielo, no una, sino que varias veces. Las luces brillantes acusan, señalan, pero no inhiben. La vista de la escena recurrente instala esa idea de que hay que asumir y soportar que así es la cosa. Que a veces pasa. Que volverá a pasar.
Pocos días antes del año nuevo fiscalizadores del Servicio Nacional de Aduanas encontraron en el paso fronterizo Cardenal Samoré 2.888 unidades de fuegos artificiales, guardadas en 184 cajas. Los nombres de los explosivos: Doble Estruendo, Estruendos Júpiter, Primavera y Luces Divertidas. Cada una de estas unidades es un estallido. Más de dos mil explosiones casi entraron a la región. La evidencia confirma, la alegría recreativa de algunos es la tristeza inevitable de otros. Ambas emociones no se encuentran. El imperio de la indiferencia es parte del ruido que estalla en la noche. La seguridad de todos corre peligro.
El manejo de explosivos de manera ilegal con fines recreativos no es un juego, como aluden los nombres de estos productos. El riesgo que representan trasciende a quienes los manipulan y por lo general, no hay reparación para las víctimas. Chile tiene una larga trayectoria en esta materia. Niños quemados, niños asustados, incendios, perros escapados, perros perdidos, perros infartados. Al sonido de los fuegos artificiales le sigue el sonido de los carros de bomberos, o la ambulancia. La fiscalización existe, pero como tantas veces, ante la envergadura de la realidad, no es suficiente. Parte esencial del problema es que hay personas dispuestas a venderlos, así como hay personas dispuestas a comprarlos. La crisis moral que padece nuestro tiempo. Todos saben que son peligrosos. El fuego artificial ilegal es cada vez más parecido al arma de fuego ilegal. Una fuente de aparente dominio. La fortaleza de la debilidad. Una claridad oscura. La presencia de una señal que convoca al supuesto héroe. Pero no hay ni un héroe. Más parece alguien pidiendo ayuda. Marcando notoriedad. Una nave que navega lanzando bengalas, buscando ser visto en medio de la noche, en el laberinto de la soledad.
Mientras proliferan los fuegos artificiales ilegales, el debate de los fuegos artificiales legales se ha tomado la prensa nacional. Con ruido sordo y estallante se escucha el descargo que se ubica con polémica en el trazo de las caricaturas: que la generación de cristal, que la mayoría de los perros no se mueren ni se pierden, que la necesidad del espectáculo para el turismo, que el horror de la cultura de la cancelación, que el vaivén del pensamiento político entre la izquierda y la derecha, que el ejemplo de las grandes ciudades como París, Sídney, New York, y sus cielos capitales llenos de colores para la fecha con un número uno. El debate es dulce y amargo en lo propio y lo prestado, con esa relación siempre tan compleja entre continuidad y cambio. La capacidad honesta de renovar, de innovar, de mantener, de ser feliz y celebrar, sin por eso tener que dañar al resto. Año viejo y año nuevo, unidos en la controversia del paso. ¿Cómo lo pasaste? ¿Feliz año nuevo? Mientras, diferencias aparte, el cielo sigue siendo de todos.
El perro Hans murió por un problema de seguridad pública, murió porque hay fuegos artificiales incluso cuando no hay fuegos artificiales. Legales, ilegales, eso a los afectados, hasta ahora, no les hace mucha diferencia. ¿Se debería hacer una consulta pública sobre los fuegos artificiales legales en Puerto Varas? ¿Qué los vecinos decidan? No sé. Si sé que el perro Hans no debió haber muerto la noche de año nuevo. Lamentar no cambia la realidad. Que su partida no sea en vano.
Por: Pablo Hübner