Más de una semana ha pasado desde que asumió el nuevo presidente de Chile. Los gobiernos municipales deben ahora trabajar con el nuevo gobierno a nivel central y regional. La relación entre continuidad y cambio merece atención. ¿Qué sigue? ¿Qué cambia?
Sorpresivamente, los seremis en la región se designan como gotas en la sequía, hasta ahora sólo se saben los nombres para salud y educación, mientras el tiempo sigue pasando y las reuniones siguen esperando. Cada área de trabajo merece atención para establecer los procesos de continuidad y cambio. Desconozco si los seremis entrantes se reunirán con los salientes, estas cosas no se comentan. Sólo valen a nivel de ministros y a nivel central, como es la tónica del centralismo, que como suele ser, se expresa con mucha más honestidad en los hechos que en las palabras.
La transición de gobierno se da en el marco en que todos los municipios de Chile tendrán un mandato corto. El más corto de su historia. Las dos postergaciones electorales en tiempos de pandemia obligaron estrechar los plazos para otorgar apenas tres años y medio de gobierno comunal. Por si fuera poco, la estrechez de tiempo late entre urgencias cotidianas, determinando la calidad de vida de los vecinos en el día a día, que es tan importante como la década o el siglo. Regulaciones obsoletas, planificaciones ausentes, anticipaciones tardías, entre otros trastornos.
Siempre hay buenas explicaciones para los atrasos, pero ni una de ellas sirve para viajar en el tiempo. La demora es triste en consideración de la necesidad y no se condice con la épica del discurso electoral. Las tardanzas no hacen más que prolongar las incertidumbres y estrechar los plazos, que ya son demasiado cortos. Los municipios, tan elevados por la opinión pública como formas de gobiernos cercanas a la gente, portadores de una credibilidad no tan dañada como otras formas de organización en la arquitectura del poder, son precisamente los más afectados.
¿Qué dice la palabra emergencia? ¿Qué dice la palabra crisis? ¿Qué dice la palabra colapso? Si fuera un incendio, habría que salir pronto con los carros. Si fuera una erupción, proceder pronto con la evacuación, si fuera una pandemia, establecer medidas complejas y poco deseadas, lo antes posible, por un bien mayor, como es la salud de todos y todas. Pero, con la crisis climática es diferente.
La palabra ecología se repite tanto como la palabra sustentable. Son esas palabras que de tanto ser mencionadas, como que sirven para todo. Por lo general, se redunda en el diagnóstico, como si hablar mucho del problema mágicamente lo solucionara, mientras se avanza en los más diversos acuerdos de colaboración entre organizaciones públicas y privadas, incluyendo el festival del logo en los sitios web, que parece reemplazar la determinación parcialmente ausente de una profunda visión de Estado. En estos acuerdos bien intencionados, todos están tan unidos que nadie se hace cargo ni responsable más allá de las fronteras de su cargo y los límites de sus responsabilidades. Esta condición permite, generosamente, que la culpa siempre sea de otro, mientras se puede decir que se está haciendo de todo para solucionar los problemas. ¿Es así?
El cuestionamiento al modelo de desarrollo parece encontrar, simplificando la mirada, dos alternativas, que asumen ser lo mismo, pero no lo son. Es como una taza de café, de apariencia, se ve igual un café regular que un descafeinado, pero claramente, no es igual. O se toman medidas en serio, severas, drásticas, como en el caso de otras emergencias, o los cambios en el curso de la tragedia seguirán, mientras se suceden los seminarios y las campañas de marketing.
La paciencia necesaria que requieren procesos de mediano y largo a plazo se encuentra con la verdad, sincera y devastadora, de que se podría haber hecho mucho más de lo que se ha hecho, así como también, de que se ha permitido mucho más daño del que se debería haber permitido. Los lamentos no cambian los acontecimientos, pero sí inciden en la confianza. La nueva normalidad y su incertidumbre inherente, merece estabilidad. Es decir, presencia del Estado. En la representación conjunta, entre municipios, asociaciones público privadas, gobernador regional electo, delegada presidencial y gobierno regional, parece haber armonía en los títulos de las canciones, por ejemplo, la crisis climática, pero, no por eso hay claridad en cómo es la letra, con sus estrofas y coro. Lo mismo corre para otros poderes del Estado, incluyendo el inédito proceso de la Convención Constitucional.
El gobierno electo a nivel nacional prometió gobierno ecológico. ¿Qué es esto? ¿Cómo se aplica? ¿Café descafeinado a regular? Ni idea. Hasta el momento en la región no hay seremi de medio ambiente. Tampoco de economía. Tampoco de cultura. La defensa del patrimonio natural y cultural requiere esta presencia. A seguir esperando, como si a la crisis climática le importara el tiempo que las personas tardan en ponerse de acuerdo para determinar su destino, y el de otras formas de vida.
Por: Pablo Hübner