Llegó marzo y el retorno a clases presenciales en la mayoría de escuelas a lo largo de Chile. Para muchos, este es el retorno a la presencialidad después de casi dos años, y la gran oportunidad de reconectar a niños, niñas y jóvenes con sus profesores y comunidad escolar y sin pantallas de por medio.
Un retorno al aprendizaje conectado con las personas, las situaciones, los sentidos y las emociones en la sala de clases. Y un retorno al aprendizaje “desconectado” de las pantallas que fueron el canal a través del cual aprendieron muchos alumnos y alumnas este último tiempo, si bien no para todos. Esto significará sin duda un reto para los docentes: reconectar con quienes estuvieron más solos y entusiasmar el aprendizaje de niños, niñas y jóvenes que estuvieron hiperconectados y sobresaturados de estímulos externos, con océanos de información a disposición y acostumbrados a una cantidad de estímulos de fantasía.
Se trata del reto de volver a educar en la realidad y en el asombro, como invitó hace ya cinco años la investigadora y autora de libros de educación, Catherine L’Écuyer. “El asombro es lento, saborea la realidad a la que se acerca por primera vez, o como si fuera por primera vez. En cambio, los estímulos externos que saturan los sentidos empachan, embotan, anestesian el deseo, la sensibilidad y la capacidad de saborear la dimensión estética y lo lento de lo ordinario”, escribió para un artículo publicado por el diario El País.
Para lograrlo se requieren comunidades escolares involucradas, donde los niños y niñas están activos, aprenden haciendo, y no sólo van como “oyentes” ni receptores de información. Podemos hacer ese cambio. Nuestra propuesta es la Pedagogía de la Creatividad, un marco pedagógico sistematizado por Kopernikus Lab que busca, a través de múltiples aproximaciones, generar las condiciones en las escuelas para motivar a los estudiantes con su aprendizaje y reconectar a los profesores con su pasión y vocación docente, en un marco de respeto a la singularidad, convivencia democrática y práctica reflexiva.
Rolf Hitschfeld
Director ejecutivo Kopernikus Lab