Lo más probable es que las elecciones municipales se posterguen para el mes de mayo. Será la segunda postergación del proceso. La tensión entre la salud de la comunidad y la salud de la democracia es honesta y compleja. Vivimos tiempos delicados. La capacidad de adaptarse es el camino para prevalecer ante la adversidad. Este alargue implica esfuerzos financieros y humanos para los candidatos.
Durante este proceso electoral, todos los candidatos, de diferentes maneras, han destacado la importancia de la participación ciudadana. Algunos han sido más precisos que otros en cuanto a las metodologías de participación y el uso de instrumentos. No obstante, ni una candidatura es muy nítida en cuanto explicar con peras y manzanas el proceso de participación conjunto y su funcionamiento.
¿Todo debe ser sujeto a participación? ¿Qué temas no serán sujeto de participación? ¿Cómo se articula la participación? ¿Qué herramientas se usarán para la participación? ¿Siempre serán las mismas herramientas para cada caso? ¿La toma de decisiones de la participación será vinculante? ¿Quién representa a los que no participan, ya sea porque no quieren o porque no pueden? ¿Quién protege que la participación no sea capturada por distintos grupos sectoriales con intereses particulares? ¿Cuánto duran los procesos de participación? ¿Qué pasa con los que no se suman desde el principio?
Estas preguntas suelen encontrar respuestas mareadas entre palabras absolutas. Todos, juntos, unidos, en el marco de la inteligencia colectiva, el respeto, entre las similitudes y las diferencias, entre la espada y la pared, entre nos vemos y nos vamos, entre Tongoy y Los Vilos.
La palabra participación está de moda. Todos la usan, como quieren y cuando quieren. A su modo, es el nuevo sustentable, pero a la hora de intentar recurrir a su sentido práctico, la aplicabilidad, se dispone un campo abierto y sin fronteras claras.
Los gobiernos municipales duran cuatro años. No hay mucho tiempo y sí, muchas necesidades. Este es un cargo de acción, sobre el cual recae una delegación de poder. Un mandato de responsabilidad en cuanto al liderazgo. Se debe ser participativo, pero también, se debe liderar con determinación y sentido de avance. Ambas responsabilidades deben lograr ser compatibles con la naturaleza del cargo.
Nadie está en contra de la participación ciudadana, pero no por eso hay que ser ciego ante sus complejidades. Por lo mismo, la precisión es importante. Muchas veces decir que se conversará con las personas de todos los sectores, es básicamente la respuesta ambigua cuando no sabe qué decir sobre algún tema. Cuando la palabra participación pasa a ser el vehículo para evadir lo que se está preguntando, toda la comunidad participa como testigo. En contra parte, mucho se habla de la inteligencia colectiva y no tanto de la estupidez colectiva, que existe, es molesta, empalagosa y por lo general, cuenta con una superioridad moral muy superior a la de cualquier mortal.
El éxito del gobierno municipal es responsabilidad del alcalde y su equipo. Quien salga electo tendrá que hacerse cargo de las decisiones que se toman. La participación ciudadana corre riesgo cuando es ofrecida como una suerte de asambleísmo resolutivo, otorgando a distintos grupos particulares, atribuciones de injerencia sobre los que la comunidad democráticamente ni siquiera ha tenido oportunidad de decidir. La distribución del poder ya otorgado es una cosa delicada que merece atención.
Este tiempo adicional de campaña bien puede servir para que los candidatos al cargo de alcalde de la comuna de Puerto Varas precisen cómo funcionará la tan mencionada participación ciudadana en su pretendido gobierno municipal.
Por: Pablo Hübner