De tanto en tanto Puerto Varas llama la atención del país. Tristemente célebre por un alcalde que intentó robarle un beso a la cantante Camila Gallardo, en público; vaya escándalo. Único alcalde en Chile que desafía las cuarentenas en pandemia y que demanda al ministro Paris por aplicarlas. Un alcalde que escondió cajas de alimentos en plena crisis para repartirlas en campaña, último escándalo, que terminó por desatar la furia de sus electores que en definitiva no le volvieron a dar su voto, salvo algunos pocos con vocación de rebaño.
Pero la democracia hizo lo suyo y puso a la cabeza del municipio a un alcalde que también está dando mucho que hablar, esta vez no desde la prensa rosa, sino desde el análisis político crudo. Se trata de Tomás Gárate, un joven arquitecto de 27 años, dueño de una personalidad humilde y afable – a ratos hipnotizante – e intelectualmente deslumbrante. Fue levantado por una organización de acción ciudadana independiente y apartidista que se forma en Puerto Varas hace poco menos de 2 años y que 6 meses lograron capitalizar 5.667 votos para el candidato. A eso se agrega una propuesta atractiva, bastante completa y tremendamente desafiante, a mi juicio demasiado ambiciosa para los 3 años y medio que le restan por delante, idealista, poco ágil o pragmática.
¿Cómo un joven de corta (e intensa) trayectoria, sin experiencia previa en política partidista, se impuso frente a 3 exconcejales de fuste con años de calle y experiencia en el servicio público? Un factor de análisis es la famosa independencia. El aterrizaje de los independientes a la arena política no es nuevo, pero hoy acapara las miradas de todos los analistas políticos. Las candidaturas independientes para las elecciones de alcaldes obtuvieron 1.812.767 votos a nivel nacional, un 28,57% de la votación total del país. Más sorprendente resulta el caso de los electos constituyentes: sólo 50 de 155 militan en algún partido político. De modo que el fenómeno no es solo local. A mi juicio tampoco importa mucho. En rigor, “independiente” es todo aquel que no milita en un partido y no tiene por tanto una agenda que lo pautee. Pero eso no es garantía de nada, es mas bien un eufemismo. Siempre existirán intereses creados detrás de todos aquellos que ostentan cargos públicos, sean económicos o ideológicos. Y este caso no es la excepción, aunque no lo puedan o quieran ver.
Otro factor clave es la indignación de la ciudadanía con los políticos de siempre. Tomás se posiciona en las antípodas de toda una elite de políticos que han prostituido el servicio público a su favor, acostumbrados – caviar en mano – a repartirse cargos y favores políticos. Asume así la responsabilidad de luchar contra el statu quo. Remar en contra y no sucumbir a los vicios del poder. Será rudo y agotador. Habrá fuego amigo (el peor) y enemigo. Como usualmente ocurre, habrá empresas, organizaciones, constructoras, gremios y políticos presionando para beneficio de sus propios intereses: licitaciones, influencias, nepotismo, clientelismo, dineros negros que corren con completa normalidad por todos los municipios sin excepción. Tendrá que jugar en las grandes ligas bajo las reglas de la vieja escuela. Con Fidel (PS), Moreira (UDI) y Gervoy (PS); Angulo (DC), Huenuqueo (PS) y Gunckel; y Vallespín (DC) eventualmente; por nombrar algunos. Por eso quizás la promesa de ofrecer 0 puestos políticos en campaña sonaba tan rara como falsa, por la sencilla razón de que la realidad es, a todo nivel, distinta: compromisos, amiguismos y burócratas ineptos apernando para aferrarse a sus cargos.
Pero, ¿quién sabe? El milagro quizás ocurra y Tomás llegue a redimir esa palabra tan vapuleada y manoseada: política. Sabemos que es una lucha David contra Golliat. De modo que las expectativas son altísimas y el riesgo mayor. Más allá de los tropiezos naturales de su gestión, lo que se está jugando es su credibilidad para liderar la entrada triunfal a ese milagro que nuestra alicaída república hoy más necesita. Es de esperar también que Transforma esté a la altura del liderazgo que levantaron. De ser así, serán bienvenidos a los nuevos espacios que dejarán aquellos políticos que la ciudadanía está desechando.
Lamentablemente, la última experiencia de jóvenes mesiánicos tratando de redimir la política fueron aquellos de la “revolución pingüina” que después integraron el Frente Amplio y que fueron atrapados por los mismos vicios que ellos denunciaban, quedándose sólo en el discurso maniqueo, moralizando desde un purismo tan soberbio como ególatra. Algo análogo sucedió con Sharp en Valparaíso. Fue ensalzado como un santo en procesión por un movimiento ciudadano llamado “Pacto Urbano La Matriz”, conformado por organizaciones de la sociedad civil. Ellos proponían algo que hoy suena conocido entre nosotros: un cambio radical en la forma de gobierno en el municipio, una "alcaldía ciudadana", priorizando la contratación de personas técnicamente competentes por sobre sus compromisos político partidistas. Sin personalismos ni grupos beneficiados. Al poco andar, Sharp traicionó a la Matriz, a sus propias bases, y se transformó en uno más. Borró con la manga el trabajo colectivo y cayó en los mismos vicios que decían aborrecer. La desilusión fue tremenda.
En fin, el tiempo lo dirá. Sólo el tiempo nos podrá responder. Hoy, la ansiedad y el entusiasmo nos tiene algo embriagados. Pero ahora es tiempo de esperar silentes y dejar que la nueva autoridad se desenvuelva por un tiempo. Entonces podremos hacer la prueba de la blancura.
Benjamín Ogaz S.