Concejo municipal extraordinario. Último día de septiembre. Dos puntos en tabla. Dos subvenciones específicas. La convocatoria parecía urgente, pero no era para atender la crisis climática declarada la semana pasada. Tampoco la reactivación económica post pandemia. Nada de eso. Cuando uno de los concejales consulta el motivo de tanta urgencia por este tema en particular, la respuesta categórica es que el alcalde puede llamar a un concejo extraordinario cuando quiera, está en el marco de sus atribuciones. Además, los plazos empujan.
El 50% de la tabla del concejo extraordinario era para someter a votación un proyecto de subvención para el Conservatorio de Música y Bellas Artes del Sur. 5 de los 6 concejales acusan fatiga en los números y los plazos. Cosas que no dan, que no se entienden. Las dudas están reforzadas después de una reunión informativa que antecede al concejo extraordinario. Más de 30 millones solicitados. ¿Es mucho? ¿Es poco? ¿Comparado con qué? ¿Por qué comparado? ¿Por la cultura lo que sea?
La realidad en el tema histórico de las subvenciones municipales es compleja. Crecen los mejor organizados, los más populares, mientras los chicos quedan invisibilizados. Quienes conocen mejor los procesos y a los involucrados, mejor se perfilan. Los que por primera vez postulan son mirados con desconfianza. La definición de jerarquías y prioridades es un misterio. El que sabe, sabe, el que llega, llega. El sistema podría ser mejor, podría cambiar, pero no ha cambiado, mientras, el reloj nunca se detiene y las necesidades, tampoco. Culpar a las deficiencias de la regulación es lugar común y no hace mucha diferencia. Lo que toca es evaluar cada proyecto en particular, en forma y fondo, en el marco de los plazos.
En la evaluación del proyecto de subvención durante ese concejo extraordinario, convocado especialmente por el alcalde, 5 concejales, fiscalizadores electos por la comunidad, insisten en que hay problemas con los números. La crítica es clara, precisa, y no dice relación con las buenas intenciones del proyecto, mucho menos con la necesidad y voluntad de apoyar la cultura local.
Las dudas específicas de los 5 concejales encuentran por parte del alcalde Tomás Gárate y la concejala Rocío Alvarado respuestas generales: Aportar a la cultura post pandemia, la salud mental, el apoyo a nuevos proyectos, la confianza en las organizaciones locales, la justicia de la realidad comparada en las subvenciones y sus montos, la buena fe. Curiosamente no se alude precisamente a lo cuestionado, sino que a otros elementos del debate. Cuando el concejal Antonio Horn dice que la administración no se preparó para esto, el alcalde tampoco defiende el trabajo realizado por su equipo. Se insiste en la buena fe como estandarte ante el vacío, junto con la defensa al procedimiento, según una regulación que todos reconocen como inadecuada. Se emiten palabras emotivas y cercanas, pero no concretas ni suficientes ante la envergadura de la posición de 5 de los 6 concejales. En consecuencia, 2 votos a favor, 5 en contra, se rechaza la subvención.
La mejor manera de apoyar a las organizaciones sociales de la comuna es despejando las dudas. El voto a favor del alcalde Tomás Gárate y la concejala Rocío Alvarado no se hace cargo de las críticas. La falta de argumento específico ante las dudas específicas es preocupante. Obviamente los representantes, alcalde y concejales, no son expertos en todos los temas, pero eso no puede ser excusa para omitir la responsabilidad de investigar, preguntar, contrastar, y asesorarse en caso de ser necesario. Cualquier voto de confianza, carente de fundamento técnico, por positivo que parezca en su finalidad, por bien intencionada que sea en su voluntad, es una irresponsabilidad. La confianza no puede ser ciega. La confianza tiene que ser lúcida.
La administración quería apoyar este proyecto, pero ante las precisas y consistentes dudas de la mayoría de los concejales, se quedó sin respuestas. La ausencia de respuesta ante las dudas puede tener muchos motivos, pero más allá de cuales sean, advierte una omisión que no se ajusta a la circunstancia ni al liderazgo. Por otra parte, la evasión del conflicto como estrategia también tiene su propio impacto. Si un concejal dice más de una vez que la administración hizo un mal trabajo, sería justo saber qué piensa la administración al respecto. Esa es una acusación seria. El silencio que le sigue también es serio. Es de esperar que la situación sea tan extraordinaria como este concejo.
Por: Pablo Hübner