Desde hace casi dos años, todos los martes, se publica esta columna de opinión. Como esta semana es navidad, quise compartir un cuento. Esta es la historia de la pequeña Carmela y su gato amoroso. La pequeña Carmela se encontró con el gato amoroso cuando fue su cumpleaños número dos. El gato amoroso parecía perdido y la pequeña Carmela parecía que lo estaba buscando, hasta que se encontraron. Desde entonces son amigos, conversan, juegan y toman leche juntos. El gato amoroso en su platito azul, que tiene unas florcitas rojas, y la pequeña Carmela, en una mamadera celeste con chupete amarillo.
Todos los días el gato amoroso y la pequeña Carmela salían al patio a ver las flores. El gato conversaba sobre los insectos, los ratones, los tréboles de cuatro hojas. También hablaba de las siete vidas de los gatos y la importancia de cuidarse mucho. La pequeña Carmela hablaba de los autos que pasaban muy rápido, de las bandurrias, de las diferencias que había entre un chaleco con botones y un chaleco con cierre. Cuando se cansaban de conversar, el gato amoroso cantaba y la pequeña Carmela lo acompañaba intentando silbar, porque aún no sabía silbar, pero igual siempre intentaba.
Un día salieron al patio como todas las tardes a ver las flores. Estaba nublado, era casi verano y una tormenta eléctrica de temporada hizo que se iluminara el cielo. Sonó un trueno. El gato amoroso se asustó y quiso volver a casa, la pequeña Carmela también, pero no sin antes hacer una sopita en el agua del perro. El gato amoroso corrió para convencerla de volver pronto, cuando justo otro trueno estremeció el cielo. Entonces, algo mágico pasó. El gato amoroso adquirió una habilidad que antes no tenía. Cada vez que hablaba, desde su boca salían burbujas brillantes, como del porte de una pelota de pin pon. Además, las burbujas eran mágicas, porque en el reflejo de cada burbuja se podían ver recuerdos, muchos recuerdos. Sólo momentos lindos. El tipo de cosa de la que cuando uno se acuerda, se sonríe.
La pequeña Carmela reía en el patio mientras miraba sus recuerdos en el reflejo de las burbujas que salían de la boca del gato amoroso. La risa de la pequeña llamó la atención de los abuelos que estaban en la casa. Cuando los abuelos vieron las burbujas brillando con sus propios recuerdos empezaron a sonreír con la emoción llena en los ojos. La abuela dijo: Esto tienen que verlo todos, antes de que se la pase la magia al gato amoroso.
Así, el abuelo, la abuela, junto a la pequeña Carmela y el gato amoroso, partieron a la plaza del centro de Puerto Varas. Cuando llegaron se instalaron en una de las bancas. El gato amoroso se puso a conversar con la pequeña Carmela y pronto empezaron a salir las burbujas de su boca. Las personas se fueron acercando a las burbujas y al reflejo de sus propios recuerdos. Cada persona pudo ver en cada burbuja un recuerdo diferente. Momentos de cumpleaños, de fiestas, de abrazos, besos, bienvenidas, despedidas, triunfos, alegrías. Cuando las burbujas reventaban, los recuerdos no desaparecían, sino que se multiplicaban, como pequeñas gotas de rocío que se movían con el viento, compartiendo momentos con otras gotas.
Conmovidos por los distintos recuerdos, las personas le agradecían al gato amoroso haciéndole cariño. El gato, con tanto cariño recibido, empezó a ronronear. El sonido se hizo tan envolvente y tranquilizador que casi todos quienes estaban en la plaza se quedaron dormidos. Algunos sobre el pasto, otros sobre las bancas, otros sobre los árboles.
Entre ronquidos y sueños profundos, las horas pasaron. La pequeña Carmela y el gato amoroso se tenían que ir a tomar su leche. Junto a los abuelos caminaron despacio para no despertar a quienes dormían. Al poco rato un viento empezó a correr, lo que paulatinamente despertó a quienes quedaban en la plaza. Muchos al reaccionar del sueño lo primero que hicieron fue hablar por teléfono. La palabra hola se escuchaba en diversas voces y la letra “o” de la palabra hola se sentía como si fuera una burbuja mágica más.
Cuando llegó la noche el gato amoroso perdió su capacidad mágica de crear burbujas con reflejos de recuerdos. La pequeña Carmela no entendía por qué. La abuela le dijo a la pequeña Carmela que las burbujas con recuerdos estaban en todas partes, en las palabras, en el aire, en el viento, la tierra y la lluvia. En todas partes. Esa noche la pequeña Carmela le dijo a su gato amoroso que lo quería mucho. El gato amoroso le dijo que nunca la olvidaría y se fueron juntos a dormir. Feliz navidad.
Por: Pablo Hübner