• 28 de Octubre

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Metamorfosis

Por: Pablo Hübner


El ambiente de la transformación, de la nueva era, de la épica fundacional, parece vivir su propia metamorfosis. Es como el fin de un ciclo, pero sin un final claro. Es como esas canciones de moda que terminan cuando de a poco se les va cayendo el volumen, hasta el silencio. El estallido social, la plaza dignidad, la idea de que no son 30 pesos, son 30 años, está cambiando. El distanciamiento tiene asombro, incluso en los más adeptos. La sensación de que lo que pasó cruzó límites, supone el debate de lo tolerado y lo que se tolera. El Metro de Santiago, las iglesias, edificios comerciales, restaurantes, hoteles, en llamas. Saqueo, destrucción. Ataques a los Carabineros. El debate de si esto se veía venir, si era obvio, si nadie se lo podría haber imaginado, es un debate cansado.

En Puerto Varas vimos toma de calles y fogatas en el centro, el comercio con sus fachadas enlatadas para prevenir los ventanales rotos. Las personas mirando por redes sociales, para saber si se puede ir a Puerto Montt, si ya cortaron la ruta, cosa que pasaba seguido. La sensación de que algo más grande venía. Incluso, ese diciembre de 2019, se pedía suspender los fuegos artificiales de año nuevo, básicamente, porque no se podía garantizar seguridad. Fue la última vez que se realizó el espectáculo. Esa noche tuvo un emotivo acento en los saludos entre Carabineros y el público asistente. Esa noche fue sin daños asociados a seguridad.

Luego, en marzo del 2020, la pandemia movió el curso de la historia. Las comisarias virtuales, los toques de queda, los cordones sanitarios, el pase de movilidad, las mascarillas, la toma de temperatura, esa esponja mojada que había que pisar, generó un ambiente surrealista. La sensación de muerte, la vulnerabilidad, era como una película que nadie había visto y que nadie quería ver. La costumbre de lavar los paquetes de comida del supermercado con cloro se transforma en una forma de estar protegido.

Si durante el estallido social los enmascarados eran parte de la protesta, durante la pandemia, los enmascarados eran quienes cumplían con las normas. Mantener distancia en la fila. Evitar las reuniones. Confiar en la institucionalidad, atender información oficial, emitida por los medios de comunicación. No escuchar tanto a la policía de las redes sociales. Salir del ruido del dictado digital, que, con una arroba, establece lo que hay que hacer y decir, pensar y sentir, en nombre de la libertad de expresión, o peor, en nombre de la justa información. En ese debate, es obvio que la muerte convence más que las multitudes vivas, incluso, con sus pegajosas canciones de protesta, como la de que el no baila no pasa. O las poleras del matapacos, que no era más que un llamado a destruir familias, quitándole la vida a uno de sus integrantes. La promoción de un asesinato de odio.

Durante los meses de la pandemia se realiza un maratón de elecciones. Alcalde, concejales, diputados, gobernador regional, proceso constituyente, entre otras. Las elecciones se desarrollaron con calma en los distintos establecimientos educacionales. Fue como volver al colegio para todos. El Servel destaca por su confianza, más valioso si se consideran los estragos del accidente político nacional de inicio de siglo: la aprobación del voto voluntario y sus efectos en la polarización.

La relación entre el estallido social y la pandemia son parte influyente de la última elección municipal. Tanto, que incluso movieron el calendario electoral, dado meses adicionales para que candidaturas nuevas crezcan, y otras, se pierdan en el letargo del concejo municipal anterior, severamente determinado por el juicio político, inútil y caro, que 5 de los 6 concejales emprenden contra el ex alcalde. El resultado electoral: cambio casi total, sólo queda un concejal del concejo anterior. Si toda elección define entre continuidad y cambio, en aquel entonces, la comuna dijo cambio.

Pronto será la cuenta pública del actual gobierno municipal. La palabra transformación, asociada al alma del oficialismo comunal, tiene una relación inevitable con el estallido social y la elección entre el apruebo y el rechazo. Transforma es una palabra que está cambiando en la misma gestión. Si algo tiene transforma es que se transforma. Sobrevivencia. La necesidad de adaptarse. De crecer. Saber reconocer en el otro. En el criticado. Porque ni Berger, ni Bahamonde, Ni Gárate, han estado buscando estafar a los vecinos para privilegiarse. Un error no es una estafa. Ni dos. Ni tres. Pero, de alguna manera, esto es parte de lo que se dice. El abono de la huerta. Y eso también podría cambiar. Kafka estaría aún más orgulloso.

Por: Pablo Hübner