A sablazo limpio, dos oficiales pertenecientes al ejército de Napoleón arreglan sus diferencias. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué caen en esa conducta impropia? Aquello sucede básicamente por una cuestión de honor. Hoy día, esta trama puede parecernos un tanto inverosímil. Pero, aparte que está basada en hechos reales, Joseph Conrad se encarga de entregarnos un relato muy creíble, ágil, sencillo y directo.
Una novela corta, que en algo más de cien páginas nos lleva a constatar la profundidad de aquellos códigos de honor, que pueden llenar la existencia hasta la misma muerte, las claves sociales que detonan estas singulares costumbres de una época y la tozudez humana que hoy podemos calificarla de estupidez.
“El duelo” es también un retrato de una época convulsionada, marcada por la presencia (o ausencia) de Napoleón, llena de profundas transformaciones. Y por allí transitan estos dos personajes, que se buscan y se encuentran, con un único objetivo: liquidar al otro, aunque pertenezcan a las mismas filas. Pero ello debe hacerse como corresponde, con padrinos, armas convenidas y lugar y hora acordada. Uno flemático y reservado, el otro pasional. Uno apegado al deber y las normas, el otro fanático seguidor del Emperador. Así son estos personajes, tenientes de distinto origen que se enfrentan casi por toda la eternidad.
Me parece que aquí estamos con una obra a la altura o mejor que el clásico “El corazón de las tinieblas” de este mismo autor, polaco de nacimiento, británico por adopción. ¿Qué me gusta de él? Al igual que otros como Jack London o Hemingway, sabe de lo que escribe porque estuvo donde las “papas queman” (o donde las patatas queman para ser más universal). O sea, un escritor de terreno, sin querer desmerecer a los que no lo son.
No tenía idea que iba a leer este libro. Pero lo encontré hurgando tiempo atrás en la buhardilla de la vieja casa paterna en el campo de la infancia, hoy deshabitada. Subir de nuevo después de tanto tiempo esas pequeñas y crujientes escaleras que llevaban a mi pieza de niño y adolescente, fue una experiencia estimulante y hasta emotiva. Más aún, porque encontré pequeños tesoros en un arcón viejo y en una repisa. Y el primer tesoro que tocaron mis dedos, fue uno de tapa marrón y hojas amarillentas, este “Duelo” que sospecho me estaba esperando. Un encuentro pendiente de muchos años que con deleite al fin se concretó.