• 13 de Septiembre

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[OPINIÓN] La representación

Por: Pablo Hübner


En tiempos electorales se suele hablar de cómo hacer campaña y su efectividad. Avanza el plazo y los candidatos van adelantando la primera parte de la producción de su trabajo publicitario. La frase que se repite. El rasgo de la ilustración que va cerca del nombre. Las palabras convertidas en lugares comunes que rememoran otras elecciones, otras promesas, y las mismas promesas. Confianza, contigo, juntos, vamos, logremos, podemos, estamos, te entiendo, te creo. Los candidatos recorren las comunas del distrito 25 según su conveniencia y plan de acción. En paralelo, las redes sociales viven una fiesta que oscila entre la preocupación y la empatía. Se habla de un tema importante, luego se come una cazuela. Igual como la comes tú. Entonces, el candidato es como tú. El absurdo es elocuente y deslizante como la cuchara en la boca. La comprensión tiene desconcierto y la aceptación se conforma abatida luego de tantos años de manifiesta redundancia.

El despliegue busca captar la atención de audiencias muy específicas: el voto probable, el amigo cercano, los que quieren sentirse parte de un grupo selecto, autodesignado como el de los sensatos, los que entienden, los que saben, los que deciden con una mayor razón, ética o moral. Para consolidar estas relaciones se forja un relato. En su base se articula en forma de red una serie de ideas que en  conjunto se presentan como una gran propuesta. La oportunidad en ofrenda como la más conveniente, apropiada, justa, adecuada. Un buen relato vale más que 10 mil puertas golpeadas con un brochure lleno de fotos con la familia, mascotas, y compromisos impresos a todo color.

Saber qué decir y dónde, cuándo y cuánto, es un talento de cálculo y espontaneidad. La expectativa tan planificada y la realidad tan líquida se pierden en un laberinto donde conviven las buenas intenciones, los análisis de las encuestas y la foto del momento. La oportunidad se junta con la necesidad a los empujones. Por su parte, la adversidad parece estar en las ramas de las soluciones. Es entonces que la candidatura decide sus más o menos importantes, siendo todos importantes. La jerarquización es arbitraria a las popularidades de los temas y las capacidades de los postulantes.

El diagnóstico del relato debe considerar con especial atención el punto de las culpas. Un ejercicio que merece ser distribuido con cautela según la vereda que le corresponda. Las razones que explican los problemas tienen que tener culpables. Siempre. La responsabilidad derramada de los acusados sirve para despejar el camino. Desde ese juicio realizar al menos una y no más de tres propuestas sobre el tema. Lo que se busca es la claridad. A no confundirse. Al menos en la ilusión. No hay que olvidar que decir demasiado confunde. La claridad tiene un propósito, conquistar la anhelada confianza, ya sea porque las otras alternativas son consideradas peores o porque son consideradas mejores. Entre lo que es y como suena hay un trecho de comprensión, racional y emotiva.

Se suele decir que las campañas se hacen en versos, luego se gobierna en prosa. Pero, ni las bellas ni las horribles verdades son más honestas que los motivos que realmente mueven esas banderas. Hacer sentir puede ser mucho más relevante que la verdad. La pasión a ratos se siente como engaño, y el discurso se percibe como una máscara. La cazuela, el completo, el momento forzosamente íntimo, transgrede los contenidos que se aferran a la agenda en conversatorios y debates. La crítica y la propuesta mantienen una unidad dispersa. El problema reside en que decir y parecer es tan importante como lo que se hace. Y ser muchas personas al mismo tiempo puede bien ser ninguna. O la que conviene. La confianza pasa a ser una moneda de equilibrio. Las palabras y los gestos funcionan como créditos de verdad.

No obstante, pensarlo y calcularlo todo puede ser otra forma de perder: un pasaje para evaluar el error y repetir el círculo. Incluso puede pasar que cuando se obtiene el resultado deseado, llega el momento definitivo de tener que cambiar la música, sin que se note tanto. La verdad respeta sus fundamentos, pero no siempre sus cimientos. Y todo se confunde. Y eso no da confianza.

La confianza, más que una creación emotiva, parece ser un hecho frágil y flexible, pero presente. Sobran los relatos por estos días. La presencia de los candidatos en los principales eventos comunales de Puerto Varas ya lo delata. Nada nuevo, pero es otra vez, una vez más. En estos días electorales es fácil volver a pensar si es que acaso existe siquiera un relato país, más allá de la diversidad y la divergencia.