Esta semana se realizó el primer concejo municipal del mes de junio. Durante la sesión se informa la situación del terreno de Nueva Braunau para soluciones habitacionales. Hasta ahora, la señal pública era que el proyecto avanzaba conforme a lo previsto en sus distintas etapas. Pero, se anuncia que hay un problema con el terreno. Todo indica que implicaría costos adicionales y que podría prolongar los plazos. Se comenta que hay voluntad política para solucionar el tema, incluyendo un posible proceso de expropiación que habría que realizar, y que hasta hace poco, no estaba en el anuncio de nadie. El alcalde se declara sorprendido y molesto.
Su reacción es razonable por la incomodidad que genera. Él mismo había anunciado, desde hace años, el avance de un proyecto, sin por eso advertir que estaba en esta condición. Lo propio para el caso de los concejales. La sorpresa y la molestia son también evidencia de que la articulación entre los distintos integrantes de la institucionalidad asociada al proyecto no ha fluido como uno esperaría. ¿Cuál es el manejo de la información con que cuentan las autoridades cuando hacen los anuncios? ¿Qué pasó con el proceso de seguimiento y fiscalización?
Todo indica que los costos y los plazos podrían aumentar. También la incertidumbre. Sigue una espera larga, llena de ilusión y expectativa, que ahora incorpora una nueva preocupación. Lo informado en la última sesión de concejo es preocupante porque afecta precisamente aquello que sostiene cualquier proyecto: la confianza en los hechos y la confianza en las palabras. No sólo de material se construyen las casas. También se construyen sobre confianza.
Este proceso no debería tener declaraciones públicas de sorpresas ni expresiones públicas de molestia entre los vinculados. La reacción, por justa que sea, reconoce un problema que nunca debería haber existido. Si acaso los problemas son parte del camino, también debería ser la opción de anticiparlos. ¿Se podría haber reaccionado a esto antes? ¿Se contó con la mejor información para tomar las mejores decisiones? Cuando las palabras de los anuncios y el registro de los hechos se distancian, es la estabilidad del sistema la que padece las consecuencias. Para quienes esperan una solución habitacional, las cuentas políticas, las fronteras entre dichos y hechos, la relación de las instituciones vinculadas, no construyen una casa. Apenas explican, sin modificar la realidad, por qué todavía no la tienen. Quienes más cargan con la necesidad de certeza son quienes también reciben las dudas, y precisamente quienes más merecen claridad con respecto a su espera, sobre todo si hay nuevos antecedentes que pueden afectarlos. Antecedentes que era justo que se supieran cuando era el momento. Hoy todo parece tardío, incluso la sorpresa, incluso la molestia.
Minutos después, en la misma sesión de concejo, en el contexto de los puntos varios, el concejal de Puerto Varas, Raúl Monsalves, comenta sobre la intención de convocar a un concejo extraordinario para poder evaluar transmitir las sesiones de comisiones en vivo, por las redes sociales del municipio, tal como se hace con las sesiones de concejo.
Esta medida va en beneficio de la comunidad. Más transparencia, más debate, mejor información pública sobre asuntos públicos. Visibilidad al interés común en instancias representativas financiadas con fondos públicos. Pero, no es eso lo que más se destaca durante la sesión. La medida se comenta como una función de resguardo. Se reconoce que hay más custodia de cada proceso cuando se graba. Incluso, el alcalde comenta que es una manera de proteger a los funcionarios municipales, advirtiendo que en algunas sesiones de comisión han sufrido un trato que no corresponde. Lo que se podría comprender como un esfuerzo en mejorar la transparencia, la democracia, la información pública, se convierte en una medida de protección y seguridad ante presuntas incivilidades que estarían ocurriendo en sesiones de comisión.
En una misma sesión, dos situaciones distintas y un denominador común: la confianza. La confianza es una garantía de seguridad, un deber y un rigor. Cuando existe, las instituciones funcionan apoyadas en la palabra, los procedimientos y la buena fe. Cuando se deteriora, aparece la necesidad de registrar, supervisar y verificar cada paso. Controlar, fiscalizar, revisar, auditar, interrogar. Grabarlo todo pasa a ser una necesidad, una protección y también un fracaso. Las cámaras sirven para dejar constancia de lo ocurrido, pero ninguna cámara puede reemplazar la confianza que debió existir desde el principio. Grabarlo todo, una solución que también transparenta un problema.