Aparte del quehacer gastronómico santiaguino en el centro de la ciudad, en la década de los años 40 a 50, en los alrededores de Santiago - San Bernardo, Quilicura, Maipú, Ñuñoa - solo existían las Quintas de Recreo donde se desarrollaba una intensa vida social de carácter muy festivo.
A estos lugares había que llegar en vehículo que eran más escasos o en locomoción colectiva. Las Quintas de recreo de Ñuñoa estaban en Av. Ossa entre Irarrázaval y Bilbao y se llegaba en Carro; sí, de esos que iban por rieles e impulsados por energía eléctrica. Estos vehículos tenían un conductor y en la parte posterior un cobrador que era el lugar para subir. Los fines de semana era fiesta dirigirse a estos lugares en grupos de amigos o de familia.
El paseo duraba todo el día y lo que más se consumía eran las cazuelas, empanadas y el famoso Pollo Arvejado con aves de campo. Esta pedida era tradicional, e incluso la invitación consistía en ir a comerse un pollito arvejado teniendo en algunos casos características de romántica si se le hacía a una dama. No era mal visto en esos tiempos una invitación de este tipo.
No se como le caerá en estos tiempos a una lola la invitación de ir a comerse un pollito arvejado. Han cambiado los tiempos.
La ceremonia se iniciaba siempre con un vino con frutas de la estación como aperitivo, se almorzaban empanadas o cazuela. Después se practicaban algunos juegos como la rayuela y a media tarde se iniciaba el bailoteo. El pollito arvejado ya se estaba preparando para la cena. No faltaban los picarones, sopaipillas y los dulces chilenos.
Era común ver a grupos de muchachas en un extremo y los varones en otro. Con señas muy formales se sacaba a bailar a las damas desde la distancia.
Yo recuerdo haber ido cuando recién me pusieron pantalones largos, con un grupo de amigos del vecindario con quienes aprendí a bailar cumbias y cuecas. Y para rematar nos comíamos un Pollito Arvejado….. jugosito.