Hay victorias que no llegan de golpe. Llegan después de años de reuniones, escritos judiciales, audiencias, y la convicción persistente de que algo está mal y que vale la pena seguir diciéndolo. La resolución que emitió la semana pasada la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) contra el proyecto inmobiliario Alto Maullín es una de esas victorias.
Seis años. Eso es lo que tomó conseguir que la autoridad ambiental sancionara formalmente a una empresa que desarrolló un proyecto inmobiliario en la ribera del Río Maullín, un territorio vinculado al Santuario de la Naturaleza y reconocido como sitio prioritario de conservación, sin pasar por el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
La SMA concluyó lo que los denunciantes sostuvieron desde el primer día: el proyecto debió someterse a evaluación ambiental antes de comenzar. No se trataba de un loteo cualquiera en cualquier terreno. Era un proyecto emplazado en uno de los humedales y corredores biológicos más relevantes del sur de Chile, con impactos potenciales sobre un ecosistema que no se improvisa ni se reemplaza.
La resolución no aparece de la nada. Es la culminación de un proceso en que el Tribunal Ambiental, la Corte de Apelaciones y la Corte Suprema ya habían fallado en el mismo sentido, dando la razón a quienes denunciaron.
Más allá del caso puntual, la resolución incorpora algo que desde la conservación se ha buscado durante años: el reconocimiento expreso de la relevancia del sitio prioritario del Río Maullín como criterio para evaluar los impactos de proyectos en su entorno. Es uno de los primeros procedimientos sancionatorios en que eso ocurre, y su valor proyectivo es enorme.
Que un ecosistema exista en los mapas de conservación no basta si esa condición no se traduce en protección real cuando se aprueba o sanciona un proyecto. Lo que este caso establece es que ese vínculo entre el valor ecológico del territorio y las exigencias normativas para quienes quieren desarrollar en él debe ser explícito y vinculante.
La cuenca del Río Maullín, con sus humedales, su biodiversidad y su rol como corredor biológico en el sur de Chile, gana con esto un antecedente concreto que podrá invocarse en futuros conflictos.