• 16 de Octubre

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Caminar tranquilos: La vereda como política pública

Por Tamara Rammsy Sánchez, Concejala de Puerto Varas


Hay decisiones públicas que parecen pequeñas hasta que uno se detiene a mirar lo que realmente producen. Una vereda es una de ellas, que en realidad, es uno de los espacios públicos más democráticos que tenemos, como mencioné en la columna anterior “El arte a la vuelta de la esquina”, por ella caminamos todos, sin consumir ni pertenecer a un grupo determinado para transitar libremente. Cuando decidimos invertir en ellas, decidimos qué tipo de ciudad queremos construir.

En Puerto Varas, esta convicción se ha traducido en una decisión política sostenida. Entre 2022 y 2026, se gestionó una inversión histórica que supera los $2.121 millones de pesos para el desarrollo y conservación de aceras, proyectando y ejecutando 33.275 m2 de veredas en sectores como Puerto Chico, calle San Ignacio, Juan Costa y otras zonas de la ciudad. No son solo cifras o cemento; es dignidad cotidiana para vecinas y vecinos que antes enfrentaban veredas de tierra con desniveles peligrosos. Hace algunas semanas aprobamos en concejo municipal, 4.260 m2 para conservación de aceras en Nueva Braunau por más de 600 millones a través de un FNDR, lo cual denota la prioridad dentro de las políticas de la administración actual.

Me gusta pensar en las veredas como el sistema nervioso de la ciudad. Nuestras plazas, escuelas, sedes vecinales y parques son los núcleos donde hacemos comunidad, y las veredas son la red que evita que esos centros queden aislados. En una región donde llueve más de la mitad del año, la falta o el deterioro de veredas no es un detalle menor: convierte la caminata en un trayecto complicado por las pozas y barro que se forman. Cuando una vereda falla, aislamos precisamente a quienes más necesitan la ciudad: nuestras personas mayores, niñas, niños y personas con movilidad reducida.

Paola Olivares, dirigente de la población García Moreno, me comenta que las nuevas veredas les facilitó harto la vida. Hace años tuvimos las primeras reuniones con don Tomás y se dió a conocer esta necesidad. Antes las personas con sillas de ruedas tenían que pasar por la calle entonces ahora con las nuevas veredas se disminuye el riesgo para ellos. Los vecinos comentan que ahora están bien, y entienden lo importante de cuidarlas. Además ahora se extendió hasta la calle Manuel Montt, ha sido espectacular, sobre todo para las personas con discapacidad. Las veredas ahora son lugares seguros.

Por eso, seguiré impulsando que la administración mantenga y profundice la inversión en veredas. La brecha pendiente aún es grande, y caminar con dignidad no puede ser un privilegio, debe ser una garantía. Dado que somos una ciudad de escala mediana, fomentar la caminata diaria y segura no solo mejora nuestra calidad de vida, sino que se convierte en algo clave para ayudar a reducir la congestión vial que vivimos a diario. Necesitamos veredas bien diseñadas, que incorporen áreas verdes, lugares de descanso y hagan más amable el recorrido de vecinas y vecinos, así como de quienes nos visitan. Arreglar una vereda es, en el fondo, garantizar el derecho de todas y todos a caminar tranquilos.