• 18 de Octubre

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12 años de Patio Vivo

Ángela Ibáñez, cofundadora Patio Vivo


Cumplimos 12 años y quisimos compartir con ustedes algunas ideas que nos inspiran,  dan sentido a nuestro trabajo y nos impulsan a seguir transformando la educación desde la naturaleza.

Cuando comenzamos buscábamos aportar a la educación desde la transformación del patio escolar. Queríamos que el patio dejara de ser un lugar duro, de cemento, dominado por la pelota, para convertirse en un nuevo espacio donde la naturaleza nutriera la forma en que niñas, niños y adolescentes juegan, aprenden y se relacionan. Y la verdad, es que más allá de las dificultades iniciales, nunca imaginamos el impacto y alcance que esto tendría.

Poco más de una década después, hemos transformado más de cien patios, acompañado a decenas de comunidades educativas y beneficiando a más de 65 mil estudiantes, constatando que cuando el juego, la naturaleza y el territorio entran en la escuela, cambia la manera en que una comunidad aprende, se relaciona y habita el mundo.

Al observar las clases al aire libre, donde los estudiantes aprenden con las manos en la huerta y la cocina, junto a profesores que se atreven a innovar para vincular los contenidos curriculares con el territorio, constatamos cómo el aprendizaje que pasa por el cuerpo, despierta las emociones y el asombro, dando como resultado, mayor sentido de pertenencia y orgullo por su territorio, sembrando habilidades clave para la vida, como la creatividad, responsabilidad y colaboración. Hemos aprendido que cada estudiante trae su historia, cultura y territorio y que cuando la educación lo reconoce y celebra, encontramos la tierra fértil para nuevos aprendizajes.

Además de la observación de miles de niños jugando, hemos definido que en cada patio deberíamos encontrar, juego libre, el que crean los estudiantes sin un adulto de por medio, donde se desarrolla la creatividad y la empatía; el juego con desafío donde se  fortalece la valentía, la autorregulación y la confianza; el juego activo donde el movimiento sigue siendo parte fundamental del desarrollo y el juego en contacto con la naturaleza que nos ayuda a comprender los ciclos de la vida y nuestro lugar en el mundo.

Por otro lado, diseñando los patios como una infraestructura verde, hemos aprendido sobre como poner el patio al servicio de la naturaleza para que árboles, plantas y suelos vivos aporten sombra, biodiversidad, infiltración de agua, creando así refugios climáticos para bienestar, ayudando a las escuelas y a las ciudades a adaptarse al cambio climático.

Sin embargo, las escuelas nos siguen mostrando una realidad que no podemos ignorar. Cada vez que las visitamos vemos cómo la infancia enfrenta desafíos cada vez más profundos: el sedentarismo y la obesidad aumentan, la violencia forma parte de la experiencia cotidiana de muchos estudiantes y el acceso a la naturaleza sigue siendo insuficiente. No es casual, entonces, que UNICEF sitúe a Chile entre los países con peor bienestar infantil de la OCDE. Estas realidades nos confirman que transformar los espacios donde niños y niñas aprenden, juegan y conviven no es un lujo, sino una necesidad urgente.

Desde Patio Vivo seguimos creyendo que la escuela puede cambiar esa historia. El colegio sigue siendo un espacio seguro para la infancia. Donde el patio, muchas veces el único espacio donde niños y niñas se encuentran y juegan a diario.

Queremos agradecer a tantas personas que han confiado en nuestro trabajo, tantos colegios y jardines infantiles que nos han abierto las puertas para transformar su espacio y la vida de sus estudiantes;  a tantas fundaciones con las que hemos construido esta nueva manera de mirar el patio escolar, especialmente a Fundación MC, Fundación Ibañez Atkinson, Fundación Olivo, Fundación Mustakis, Familia Ibañez Bulnes y, Fundación Estrella del Sur con las que trabajamos actualmente por crear infancias luminosas.

 

Mirando hacia el 2030

Para el año 2030 buscamos que en más de 1.000 colegios se aprenda y juegue al aire libre, en contacto con la naturaleza. Queremos acompañar a las comunidades educativas desde distintas dimensiones, pero con un mismo propósito: transformar los patios para transformar la experiencia de aprender desde la naturaleza. Para esto sumaremos  escuelas, territorios, fundaciones, empresas y personas convencidas de que una infancia mejor también se construye desde el patio escolar.

A quienes nos han acompañado durante estos doce años, gracias por creer que un árbol puede enseñar, que un patio puede cambiar una escuela y que la educación también florece cuando se encuentra con la naturaleza.