Lo que Monte Verde nos dice

Jorge Guzmán Dávila
Fundación Monte Verde


En 1976, Tom Dillehay y Mauricio van de Maele llegaron a orillas del arroyo Chinchihuapi siguiendo la pista de un molar de megafauna encontrado por campesinos de la zona. Lo que vino después cambió la forma en que entendemos el poblamiento de América.

Hoy, 16 de octubre, la Municipalidad de Puerto Montt da inicio a la Semana Monteverdina, y mañana la Junta de Vecinos Monte Verde continúa la celebración en el territorio. Hay motivos para celebrar.

En el último año, Monte Verde avanzó en su puesta en valor como no lo hacía en décadas. Ese avance se debe en gran parte a la decisión del alcalde Rodrigo Wainraihgt y del Gobierno Regional de Los Lagos, con su Consejo Regional, encabezado por el gobernador Alejandro Santana. También se debe a la Mesa Monte Verde, que reúne a instituciones públicas y privadas: la Universidad Austral de Chile, el Consejo de Monumentos Nacionales, las juntas de vecinos Colonia El Gato y Monte Verde, y las organizaciones y personas que trabajan en el territorio. Hoy el sitio está en la Lista Tentativa de UNESCO, y la Municipalidad abre un programa de visitas guiadas para que la comunidad lo conozca. Cuenta además con obras de emergencia del Consejo de Monumentos Nacionales: cierre perimetral, levantamiento LiDAR del terreno y una estación meteorológica. Con ellas es posible, por primera vez, monitorear cómo el agua y el clima afectan la conservación del sitio.

Desde la Fundación Monte Verde trabajamos en una hoja de ruta para la nominación del sitio como Patrimonio de la Humanidad. Hoy la estamos socializando y mejorando, y buscamos financiamiento para ejecutarla. Junto a Indaga, consultora especializada en divulgación, elaboramos la guía didáctica “Monte Verde: Huellas del poblamiento americano”, para acercar el sitio a escuelas, comunidades y visitantes. Hemos contado con el apoyo de la Seremi y la Subsecretaría del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Esperamos sumar a todas las autoridades: Monte Verde es una investigación interdisciplinaria, y su gestión también debe serlo.

Todo este esfuerzo se explica por lo que el sitio guarda. Bajo la turba apareció un campamento de hace 14.500 años, conservado de un modo que no tiene equivalente en ningún otro sitio arqueológico del Pleistoceno en el mundo. Ese hallazgo obligó a reescribir la historia del poblamiento de América, y por eso Monte Verde ha tenido que defenderse. Lo hizo en los noventa y vuelve a hacerlo frente a los artículos publicados en Science en marzo de este año, que intentaron desacreditarlo.

La respuesta ha sido volver a terreno. Bajo el liderazgo de Tom Dillehay, la Fundación realizó excavaciones en 2025 y 2026. La última se orientó a corregir los errores de esas publicaciones y llevó a geólogos de Sernageomin y a especialistas internacionales a revisar la estratigrafía del sitio. Sus resultados son contundentes y avalan los 14.500 años. La publicación saldrá pronto.

Este mismo 16 de octubre, mientras aquí celebramos, Tom Dillehay y Mario Pino están trabajando. Dillehay dirige el proyecto Monte Verde desde el inicio de las excavaciones en 1977, y Pino es su geólogo desde 1978. Ambos presentan esa evidencia en el Paleoamerican Odyssey, el congreso más importante del mundo sobre poblamiento americano, que reúne a más de dos mil investigadores. Detrás está el trabajo de Carlos Ramírez, José Saavedra, Carlos Ocampo y Calvin Heusser, entre otros de los más de 70 investigadores que han pasado por Monte Verde. Ese esfuerzo colectivo muestra hoy al mundo que el sitio sigue siendo un referente fundamental en la historia humana.

Es un motivo de orgullo contar con personas tan comprometidas con esta investigación. Ese compromiso va más allá de un sitio o de un equipo. Es con lo que Monte Verde reveló sobre nuestros antecesores: cuándo llegaron, cómo vivían y la relación estrecha que mantenían con su entorno y sus recursos.

Vale la pena volver a lo que se encontró. Hay viviendas de madera con sus estacas aún en pie, fogones donde alguien cocinó y pisadas humanas. Hay también plantas medicinales que todavía usamos, algas traídas desde la costa y la papa silvestre que sigue creciendo en estos campos. Ahí está la vida cotidiana de los primeros americanos: no solo sus herramientas, sino lo que comían, cómo se curaban y cómo habitaban. Monte Verde muestra a personas que conocían a fondo su territorio, se movían entre el mar y el bosque y supieron vivir en un mundo cambiante.

El llamado es a trabajar juntos y, sobre todo, a comprender qué es Monte Verde y lo que significa para el conocimiento humano.

Queda mucho por hacer y mucho en marcha. Esta semana, toca celebrar.

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