Libros de la vida: “El señor Presidente “ de Miguel Ängel Asturias
Por Juan Carlos Gallardo
García Márquez, Gabriela Mistral, Vargas Llosa, Neruda, Octavio Paz, ¿quién más?... Asturias. Miguel Ángel Asturias es el otro premio Nobel de literatura latinoamericano. Y había que leer algo de él. En este caso su obra más emblemática o la más conocida. Veamos de qué se trata.
El Señor Presidente Constitucional de la República, Benemérito de la Patria, Jefe del gran Partido Liberal, Protector de la Juventud Estudiosa, ¡Primer Ciudadano de la Nación!. Además, Protector de la Mujer Desvalida, del Niño y de la Instrucción. Así se hacía llamar el dictador omnipotente en torno al cual gira esta novela.
El retrato de este dictador (se parece tanto a un tal Manuel Estrada Cabrera, tirano de Guatemala por 22 años) y las sombras tenebrosas que proyecta lo podemos encontrar muy similar en casi todos nuestros países latinoamericanos, donde encabezaron gobiernos opresores de ayer y ¡oh sorpresa! también hoy quedan algunos disfrazados de demócratas.
En la novela desfilan las vilezas, los cómplices de la iniquidad, la cobardía que deja el corazón de piedra y hace infeliz al que la sufre y condena a los que se atreven, la felonía de los que pululan por los pasillos del poder, los miles que se unen, pero sólo en el baile de los que sobran, los cientos de miles que sólo quieren respirar unos pocos decilitros de libertad y conocer en los recovecos de la esperanza la soñada cara de la justicia.
Y don Miguel Ángel recuerda que "Los ciudadanos que anhelaban el bien de la patria están lejos; unos piden limosna en casa ajena, otros pudren tierra en fosa común" ¿Adónde volver los ojos en busca de libertad?
Ha sido un gusto conocerlo don Miguel Ángel (no puedo tutearlo como a Gabo y Gabriela porque recién lo vengo conociendo). Me ha gustado lo que cuenta, esto de las dictaduras nos llega de cerca, sus figuras literarias, especialmente sus metáforas son un placer, pero debo ser franco también con lo que no brilla: me tuvo enredado con tantos saltos, vueltas y ciertos episodios que son para confundirse. Y de los modismos locales que se despacha, mejor ni hablar.
Y bien, finalmente decir (porque no me lo puedo callar) que las dictaduras son el campo fértil para los abusadores, los corruptos sin medida, los delatores, aduladores y trepadores. Lo hemos visto y lo hemos sufrido. Y las acciones u omisiones dejan profundas llagas en el alma de los países, que demoran en cicatrizar y a veces no cierran nunca.
Y el dictador en cuanto logra ser más todopoderoso, más tiempo se queda en el poder.
Esta novela me ha recordado a otras obras notables sobre dictadores latinoamericanos como La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa y El otoño del patriarca de García Márquez. Los tres autores se ganaron el premio Nobel. Lo hemos dicho. Hace bien escribir novelas que saquen al pizarrón a los dictadores. Y las tres son lecturas muy recomendables.
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