Invierno frío

Por: Pablo Hübner


Puerto Varas vive un invierno complejo que aún no empieza. Los temporales y los días fríos se hacen sentir. Nada de esto debería ser una novedad. El sur es así. No obstante, el escenario no es el mismo. El fin de la pandemia y el regreso a la nueva normalidad ha fortalecido las enfermedades. Influenza. Virus Sincicial.

El sistema de salud a nivel regional y nacional está bajo máxima exigencia. La enfermedad persigue con especial dureza a los menores de edad, sobre todo los más pequeños. La opción de suspender clases, adelantar las vacaciones, alargarlas, intentar favorecer el teletrabajo, volver a la mascarilla, con todo el trauma social que esto significa, es parte de lo que suena en el marco de las propuestas y las primeras definiciones. Las críticas a la gestión del gobierno, la capacidad de anticipo, la articulación, el proceso de campañas para vacunación, campañas preventivas de educación pública, parecen inevitables. El debate de si se hizo nada, poco, mucho, o demasiado, empaña los vidrios. Tristemente, la crisis ya cuenta con el caso de menores que han muerto. El laberinto de las camas críticas, la suficiencia y la coordinación, pasan a ser una sombra pesada de luto nacional. Estos hechos revisten un categórico sentido de responsabilidad nacional. La situación también genera una crisis política. Así, las renuncias se integran pronto al relato de las explicaciones, ante errores evidentes y dolorosos.

La percepción de vulnerabilidad en cuanto la enfermedad está ligada a la capacidad de respuesta del sistema de salud. Al menos Puerto Varas no está debidamente preparado para enfrentar este problema. No existe la infraestructura suficiente. El aumento de la población comunal en pocos años, junto a la fuga masiva del sistema privado de salud al sistema público, ha forjado un nuevo escenario de alta presión. El esfuerzo y dedicación del personal médico no logra suplir la falta de infraestructura y equipamiento. El cambio en el sistema para solicitar una hora de atención es una ayuda, pero no altera radicalmente los límites de capacidad de atención.


Durante esta semana el alcalde viajó a Santiago para intentar destrabar el tema del hospital de Puerto Varas. Días antes el concejo municipal de manera conjunta había emitido una declaración en relación con la decisión anunciada por el Ministerio de Obras Públicas de suspender las obras del hospital de Puerto Varas. El comunicado era bastante claro en que no sólo se rechazaba la medida, sino que, además, se rechazaba la forma en la que la medida se había anunciado. Según las declaraciones emitidas, las autoridades de Puerto Varas no tenían idea de qué pasaba con el hospital de Puerto Varas. No fueron considerados ni informados de la decisión previamente. Se enteraron por la prensa.

La declaración, publicada por El Heraldo Austral, no tuvo una respuesta. Fue como si no hubiera existido. El sonido filoso del silencio ratifica las formas que se acusan. Es esa la antesala que acompaña el viaje del alcalde a Santiago.

Lo que vive Puerto Varas en relación con el hospital recuerda que el centralismo sigue siendo una fuerza viva y compleja. El alcalde tiene que tomar un avión especialmente a Santiago para conversar sobre las obras del hospital de Puerto Varas, suspendidas sin que le avisaran previamente, sin que respondan la declaración pública emitida por el concejo en su conjunto, para desde ahí, intentar que los trabajos se retomen. Un viaje de urgencia.

Todo esto es bastante triste. Considerando los largos años que tiene de trámites, el hospital de Puerto Varas ya debería estar funcionando para enfrentar esta crisis, la que pasó con la pandemia y las que vienen. El estancamiento en el tema del hospital es sintomático. Acusa un problema mayor. Puerto Varas debe mirar con especial atención las ausencias que abrigan el relato de los sucesos, en medio de tanto frío.

Por: Pablo Hübner

 

 

 

 

 

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