El Peligro Metropolitano
- Por Pablo Ortúzar A.
Recientemente el Gobernador y los alcaldes de Puerto Montt y Puerto Varas se proclamaron paladines de la “Zona Metropolitana” para estas ciudades con la promesa de potenciar mediante esta iniciativa un “crecimiento planificado del territorio”.
Para algunos jóvenes arquitectos y entusiastas urbanistas este anuncio tiene sentido, en la medida que la implementación de una Zona Metropolitana - entendida como una categoría superior de unidad territorial por sobre la Comunal y la Interurbana -, implica acceso a instrumentos de planificación y recursos también superiores por parte de las autoridades, que son inaccesibles sin antes alcanzar dicha categoría.
Para ellos el rechazo que esta iniciativa metropolitana produce en el ciudadano, sólo puede ser resultado de la ignorancia.
Para otros también informados sin embargo, dicho rechazo es el resultado del Sentido Común, porque habría un común denominador en los intentos de cuadruplicar el radio urbano de Puerto Varas hasta conurbarla con Llanquihue, en el de alargar la vida del Vertedero La Laja como “modelo de iniciativas provinciales”, en la pasividad frente a la inexplicable “resucitación” año tras año de la Ruta Metropolitana y la vehiculización a tres pistas de la Costanera de la ciudad por la propuesta llamada paradojalmente “Parque Costanera” y su unión costera con Llanquihue. A ellos se sumarían la postergación de proyectos prioritarios como el Par Vial de la Costanera (precisamente para desvehiculizarla), el By Pass Alerce Ruta 225, la evaluación en serio de la solución ferroviaria para la conexión interurbana, el reciclaje, la declaración de Humedal Urbano al del Rio Negro, un Plan Urbano para Ensenada y N Braunau y la exigencia sin más plazos de mitigaciones a proyectos inmobiliarios funcionalmente inviables, como son por ejemplo, las torres de Icuadra al inicio de la Ruta 225.
Es que estos esfuerzos constituirían partes del intento de “fundir” las ciudades lacustres y Puerto Montt, que ahora se completaría con el lanzamiento de la Planificación Metropolitana ofreciéndola como panacea a los colapsos estructurales de las ciudades antes independientes del territorio regional. Dicho modelo de “Planificación Territorial” lleva años sobre la mesa de la Cámara Chilena de la Construcción local, a la que han sido invitados sistemáticamente los políticos más “vulnerables” por codicia o narcisismo en las últimas dos décadas.
Tristes testimonios de este peligro son las cuatro Áreas Metropolitanas implementadas en Chile, hoy mega ciudades desintegradas, - Megalópolis en la nomenclatura de Lewis Munford-, disfuncionales, insalubres e inhumanas, crecidas al ritmo de la codicia de empresarios cortoplacistas y políticos necesitados de figuración obsesionados con el poder del centralismo, esa nefasta colusión de intereses que destruye las identidades y patrimonios de los componentes particulares del territorio, y con eso, las ventajas comparativas que estimulan la calidad de vida y dan impulso a sus atractivos económicos, residenciales y turísticos.
No es coincidencia que el masivo Tsunami Inmigratorio que enfrentan el litoral y sur de nuestro país y su presión para masificar la residencia rural, provenga –precisamente-, de esas Zonas Metropolitanas. En consecuencia, desconocer esta realidad y hacer caso omiso a su claro mensaje, constituye a mi juicio en el mejor de los casos, una imprudencia.
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