[OPINIÓN] Así como te ven… ¡así te tratarán!

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)


De ahora en más, tenga muy en cuenta, que el sólo dominio de las materias propias de la profesión, oficio o trabajo que una persona ejerza, dejó de ser la clave exclusiva y determinante para tener éxito y ser aceptado como persona en el mundo de hoy.

¿La razón para destacar esto? Pues bien, hemos visto con incredulidad cómo por el sólo hecho de que alguien tenga algunos tatuajes en su cuerpo puede ser considerado por el presidente Donald Trump en EE.UU. o por Nayib Bukele en El Salvador como un delincuente que pertenece a alguna pandilla de criminales y narcotraficantes, sin que importe mucho que la persona sea un ciudadano honesto y respetuoso de las leyes.

Por otra parte, el manejo personal que tenga la persona, el tipo de lenguaje que usa, la expresión oral y corporal que muestre, e incluso la forma que tenga de vestirse, son aspectos que se han incorporado como parte imprescindible para ser considerados “sujetos aptos de aceptación social”.

Esta es una preocupación que toma cada vez más fuerza, no sólo en el mundo de la farándula, sino que también entre el personal directivo de las empresas, así como también en el ámbito político, donde las personas hacen su mejor esfuerzo por presentarse con su “mejor facha” y sus mejores atuendos.

Es así, por ejemplo, que en el arte de verse bien ante el público, el sujeto que desea hacer la diferencia, deberá tomar en cuenta aquello que los expertos en este tema denominan “una combinación armónica, elegante y sobria de la persona”, donde todo detalle importa. Sin embargo, nada de lo anterior le servirá, si en el momento de abrir la boca, su forma de expresarse y de dirigirse a su público objetivo –sea que hablemos de subordinados, pares, jefes, ciudadanos, etc.– deja mucho que desear.

Toda persona, sea un profesional o no, debe tener presente, que aun cuando tenga un título o un grado académico, su desplante, su actitud, su seguridad en sí mismo, su manera de expresarse y su manera de vestir pueden convertirse en aliados importantes para efectos de ganar el favor de la gente y de… ¡los que mandan!

Dejemos en claro, que no se trata de caer en una suerte de frivolidad y de sólo ocuparse de la apariencia externa, sino que permitir que la persona aprenda a ubicarse de manera adecuada dentro del contexto en el cual le toca interactuar, sea nacional o extranjero, ya que si usted, por ejemplo, tiene tatuajes en su cuerpo, es mejor que evite viajar a EE.UU. o a El Salvador, porque corre el riesgo que Donald Trump o Nayib Bukele lo manden a arrestar y lo metan en una prisión por ser una persona “sospechosa” de estar asociado a bandas criminales.

Hay sujetos que, técnicamente, son buenos en su área de experticia, pero quienes, lamentablemente, no saben comunicarse, hablan y escriben mal y, para más remate, les cuesta integrarse de buena manera a un equipo de trabajo. Aquí es donde se advierte la utilidad de las enseñanzas de algunos colegios norteamericanos en relación con aprender a debatir y a manejar argumentos, a pararse frente a un público seguros de sí mismos y a desarrollar un buen manejo escénico.

Señalemos, finalmente, que tal como lo expresara el asesor de imagen de origen español, Jordi Collell: “La gestión de nuestra marca personal no es un proyecto con enfoque terminal, sino que es un trabajo del día a día”.

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